El éxodo masivo, la ineficiencia productiva y décadas de control estatal obligan a la isla a reformas profundas

Las negociaciones con Estados Unidos, reconocidas este viernes por el presidente, Miguel Díaz-Canel, encuentran a la economía cubana al borde del colapso y cruzada por profundas distorsiones. Un taxista puede ganar más que un médico, que percibe ingresos similares a los de una peluquera. Conviven múltiples tipos de cambio, la mayoría de los bienes de consumo llega del extranjero y la producción agrícola apenas cubre la demanda. Mientras tanto, cerca del 20% de la población, sobre todo jóvenes, ha emigrado, dejando una escasez de talento tan grave como la falta de electricidad.

Ante la admisión del líder socialista, se abre una potencial puerta a un acuerdo con Washington, que al menos resulte en un alivio para las condiciones de vida de los cubanos. No obstante, una eventual reconstrucción de la economía cubana será un proceso largo y complejo. Primero será necesario desmontar las reglas que han regido un sistema disfuncional, resultado de más de seis décadas de experimento de socialismo a lo caribeño.

La Administración estadounidense, con el secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, al frente, ha señalado que el modelo de transición tutelada aplicado en Venezuela —con un amplio control financiero desde Washington— servirá de guía para la intervención político-económica en Cuba. Sin embargo, la riqueza en recursos energéticos, minerales y naturales de Venezuela está a años luz de la cubana.