Cuatro analistas cubanos vislumbran una gradual apertura económica y un acercamiento a la diáspora a cambio de tímidos avances en el cerco energético

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anunció este viernes que su Gobierno comenzó a conversar con representantes de la administración de Donald Trump. El anuncio llegó pocas horas después de la liberación de

https://elpais.com/us/2026-03-13/cuba-anuncia-la-excarcelacion-de-51-presos-por-mediacion-del-vaticano.html" data-link-track-dtm="">51 presos ―de los que la organización Prisioners Defenders asegura que al menos cinco son políticos― y tras días de cacerolazos y asambleas estudiantiles, en señal de hartazgo frente a una crisis energética que ha puesto en jaque el transporte, la educación y el día a día de los cubanos. “Hace más de tres meses que no entra un barco de combustible en el país. Estamos trabajando en unas condiciones muy adversas, con un impacto inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo”, sostuvo en su alocución.

La preocupación del presidente frente al hastío ciudadano fue notoria. En varias ocasiones dijo entender a quienes están desesperados por los larguísimos apagones, cada vez más insostenibles. Y aunque señaló al cerco energético estadounidense como principal motor de este malestar, sus declaraciones dieron una pista clara sobre las conversaciones binacionales: el petróleo va a ser la temática omnipresente en la lista de elementos a tratar. El descontento social, explican los cuatro analistas entrevistados por EL PAÍS, no le puede pasar factura en el escenario político actual. Aunque pueda parecer evidente, reconocer el malestar interno es también un acercamiento político.