EditorialRetrato de Ra�l Castro en una cl�nica de La Habana.APActualizado Martes,

mayo

23:19Audio generado con IALa dictadura cubana, consciente de su propia agon�a, intenta sobrevivir mudando de piel antes de que el derrumbe econ�mico y el agotamiento social la arrastren por completo. El castrismo apenas logra administrar la decadencia: Cuba vive entre apagones, escasez y emigraci�n masiva que han erosionado definitivamente la vieja legitimidad revolucionaria. En ese marco, la presi�n estadounidense ha acelerado la decadencia del r�gimen con una mezcla de asfixia econ�mica, deterioro energ�tico y movimientos militares. Un escenario similar al de Venezuela que, sin embargo, es dif�cil que se reproduzca de manera exacta en territorio cubano. La ca�da del castrismo mediante una intervenci�n norteamericana no parece, de momento, el horizonte m�s probable.El futuro de Cuba parece estar hoy en manos de tres actores m�s interesados en una negociaci�n dura que en una explosi�n descontrolada: Gaesa (el conglomerado empresarial controlado por la �lite militar), las Fuerzas Armadas y la Administraci�n Trump. Por un lado Gaesa concentra los sectores capaces de generar divisas: turismo, comercio exterior e infraestructuras estrat�gicas. El hundimiento econ�mico amenaza directamente esos intereses, por lo que su prioridad es un nuevo equilibrio pol�tico que garantice su supervivencia. Por otro, el ej�rcito -obsoleto, incapaz de movilizar a la poblaci�n y en infinita desventaja con el estadounidense- no tiene incentivos para una resistencia extrema. Y finalmente Trump, pese a su ret�rica agresiva, tampoco parece interesado en un vac�o pol�tico que genere otro foco migratorio ca�tico en el Caribe. De ah� que busque interlocutores en el aparato cubano, especialmente los vinculados al complejo militar-empresarial.El riesgo de ese c�lculo compartido es que Cuba acabe entrando en una transici�n dise�ada para salvar al r�gimen de s� mismo. Un relevo controlado, con nuevos gestores y cierta apertura econ�mica, pero sin democratizaci�n real. Es decir que no haya una continuidad pura del castrismo, sino una transformaci�n cosm�tica que hurte al pueblo cubano el derecho a decidir su futuro tras casi siete d�cadas de tiran�a.