Opinión
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Al granoLa salud de la vida republicana depende de la credibilidad de los ciudadanos en la gestión de los caudales y las finanzas públicas.
Hace muchos años, un amigo me habló de un mito griego del que, si alguna vez lo supe, he olvidado el nombre. Recuerdo bien las figuras empleadas, porque son sencillas y, así me parece, muy elocuentes. Se trata de un pescador que desde su barca tira al mar una red peculiar. Es una red que pesca los peces chicos, pero deja pasar y escapar los grandes, y no por los lados, por arriba o por abajo, sino a través de la red.
Creo que es un mito que transmite una idea parecida a la de aquel pasaje evangélico en el que Jesús previene a sus discípulos de no imitar a los que “cuelan un mosquito, pero se tragan un camello” y también aquel otro en el que censura la actitud de los que “se fijan en la paja en el ojo ajeno, pero no ven la viga en el ojo propio”. Por supuesto, las enseñanzas de Jesús recogidas en los Evangelios van a las actitudes morales de las personas, pero, quizá, el mito griego de la red que llamaré “inútil”, porque deja ir a los peces gordos, pueda proyectarse sobre sistemas, procesos e instituciones.










