Opinión
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FundamentosNuestro país necesita más de esa luz que ilumina y no la que ciega.
Hay dos imágenes que, a pesar de compartir ciertos elementos, representan realidades completamente diferentes. Imaginen por un momento la imagen de un faro que, construido a la orilla de la playa, está iluminando hacia el mar. Por otro lado, piensen en una atalaya o torreta de guardia, una de esas que se utilizaban en los campos de concentración para vigilar a los recluidos en esas instalaciones de la muerte. Ambas edificaciones son altas, tienen luz, están ubicadas en un espacio que divide dos realidades. Pero, aunque tengan semejanzas, ambas cumplen propósitos completamente distintos y evocan sensaciones en los seres humanos totalmente diferentes. La primera inspira armonía y paz por la forma en que se integra al paisaje; la segunda inspira miedo y represión.
La política y quienes la practican tienen precisamente que hacer esta escogencia cuando se deciden lanzar al ruedo. Saben que cuando trasladan mensajes, cuando promueven ciertas causas, cuando debaten en público están precisamente proyectándose como una de estas dos imágenes. Y en esa medida será la reacción que provocarán en su audiencia.









