La cineasta asturiana Cristina Rodríguez, que aborda la historia de las fareras en España en 'Aunque seamos islas', en una entrevista con EFE en el faro de Cabo Mayor, en Santander. EFE/Pablo G. Hermida.

Pablo G. Hermida |

Santander (EFE).- La figura del farero siempre estuvo unida de forma indivisible al faro, donde trabajaba y vivía, pero este binomio tiende a la desaparición y a dejar un legado en el que, a pesar de estereotipos, las mujeres han tenido un papel relevante.

Tanto el cine como la literatura se han empeñado en presentar al farero como un hombre solitario, vestido con un impermeable y con una pipa de fumar en la boca.

Sin embargo, ha habido muchos más casos de familias habitando faros que de hombres solitarios, asegura a EFE la cineasta asturiana Cristina Rodríguez, quien ha recabado los testimonios de seis fareras -tres en activo y tres jubiladas- que lucharon contra los elementos y «el machismo imperante en su época» para compilarlos en la película ‘Aunque seamos islas’.