La antropóloga y escritora Laura Sanz Corada publica una obra, a medio camino entre el ensayo y la novela, que narra la historia de su madre y de tantas otras “galleteras” que lucharon por sus puestos de trabajo en Fontaneda a finales de los años noventa

Pensar en las maría Fontaneda es pensar, casi de manera automática, en la infancia. En esos desayunos con el tazón de leche a la altura de la nariz y unas manos diminutas sumergiendo una galleta tras otra, calculando los segundos exactos para que no se rompiera y llegara entera, pero blandita, hasta nuestra boca. Es pensar, quizá, en esa melodía pegadi​​za del anuncio que veíamos por la tele —“qué buenas son las galletas Fontaneda“—, en la caja de color rojo sobre la mesa de la cocina o en los sándwiches que nos montábamo...

s pegando dos de esas galletas con una buena capa de mantequilla, la merienda favorita de los fines de semana.

Pensar en las maría Fontaneda, sin embargo, no suele ir de la mano con pensar en las mujeres que un día empaquetaron esas galletas, que entraban a trabajar a la fábrica siendo niñas y no la abandonaban hasta que se casaban (si es que la abandonaban) y que, cuando los despidos se convirtieron en una amenaza y luego en una realidad a finales de los noventa, defendieron sus puestos de trabajo llegando a encerrarse en esa empresa que fue, al mismo tiempo, sustento, identidad y fuente de alegrías y sufrimientos durante muchos años.