Separados por casi un siglo, los libros de Joanna Kuciel-Frydryszak y Vanesa Freixa abogan por la necesidad de superar el relato idílico de la nostalgia para regresar a la vida campesina desde la resistencia

“Siempre me sentí orgullosa de mi madre y de sus hermanas, de su fuerza, de que fueran capaces de crear nuevas reglas de vida para ellas mismas”. La frase con la que termina Campesinas podría estar al inicio de Ruralismo. Es interesante cómo estos dos libros dialogan tan bien, matizando, revisando e iluminando. El mundo de ambos textos está separado por casi un siglo y quedan claras dos cosas. La primera es que la nostalgia necesita un total desconocimiento del pasado para poder construir su relato idílico. La segunda es que quizá la esperanza también precisa tener enjaulada la memoria. El pasado nos sostiene cuando miramos al futuro.

Campesinas. La historia de nuestras abuelas retrata la historia de las mujeres en el campo polaco durante la primera mitad del siglo XX. Con un estilo sobrio, casi documental, Joanna Kuciel-Frydryszak construye su texto a través de testimonios familiares y material de archivo: cartas, diarios o informaciones periodísticas. La estructura es temática, desde las condiciones del trabajo al matrimonio o la maternidad pasando por las diferentes huidas posibles: entrar a servir en una casa, escapar a la ciudad o migrar a otro país. Son historias familiares para cualquier persona que haya tenido contacto con el campo español hasta la llegada de la democracia.