Las lectoras y los lectores escriben sobre la situación de los agricultores, la reinvención de la izquierda, el aumento de la población española, y el enfrentamiento entre generaciones
“Europa muerde la mano que le da de comer”, leí en uno de los tantos tractores que circulaban hace unos días por Cáceres. Una ciudad que, ese día, atardecía con el cielo teñido de banderas y la silueta de cada uno de los tractores y agricultores que se movilizaron para defender sus derechos. Mientras llegaba a mi casa, escuché decir “Esto ya se acaba, ya podréis continuar con normalidad” y se me revolvió algo por dentro, porque al llamar a mi padre, agricultor, me dijo: “Esto seguirá así”. Entonces entendí que, para algunos, esta huelga solo había sido una mañana ruidosa que había llegado a su fin, mientras que para los manifestantes, había sido un momento de lucha y escucha. Quien espera que la protesta finalice por el hecho de que estos tractores se hayan retirado no ha entendido el porqué de ella, convirtiéndose de nuevo el silencio en esa misteriosa herramienta con la que tiene que lidiar quien trabaja en el campo: quien vive cada cosecha incierta y precios que no compensan. Queda por ver por cuánto tiempo más puede sostenerse una mano que siente que la están mordiendo. Si esa mano se quiebra, se quiebra también el futuro.






