Las lectoras y los lectores escriben sobre la unidad de las izquierdas, la muerte de Robert Duvall,el estado de las autovías en Teruel y la tensión de la vida cotidiana
La unidad de izquierdas no debe ser ni una consigna romántica ni un gesto simbólico, sino una respuesta estratégica ante un panorama político en el que la derecha avanza hacia postulados cada vez más autoritarios. La división progresista resta escaños, desactiva la esperanza, confunde al electorado y deja el campo libre para que los discursos racistas, antifeministas y autoritarios se vendan bajo un falso barniz de rebeldía o sentido común, cuando no lo son. Frente a quienes pretenden demoler el Estado social, la izquierda no puede permitirse la introspección narcisista. Construir una alianza amplia no implica diluir identidades ni renunciar a matices. Implica generosidad política e inteligencia estratégica. Una candidatura unitaria tendría la fuerza de movilizar a quienes se sienten desencantados o resignados. El objetivo es ganar para impedir que el autoritarismo desmantele la convivencia. La historia se muestra implacable en sus lecciones. Es hora de que la política empiece a cuidar la herramienta que permite transformar la realidad: la unión.






