Los lectores y las lectoras escriben sobre la política xenófoba de García Albiol, las elecciones extremeñas, el liderazgo masculino en ciertos sectores y la Navidad

El pasado domingo, en Badalona, unas personas impidieron que otras 15 pudieran pasar una noche bajo techo en una parroquia y con una comida caliente. Al leerlo, me he acordado de mis abuelos, todos ellos migrantes que hoy llamaríamos ilegales. Hace tan solo 87 años, en apenas unas semanas, casi medio millón de españoles cruzaron la fro...

ntera con Francia, entre ellos, uno de mis abuelos. Miles como él acabaron hacinados en los campos de concentración del sur de Francia, durmiendo al raso en playas azotadas por el viento y el frío, haciendo sus necesidades en zanjas cavadas en la arena y diezmados por enfermedades. Algo más tarde, mi suegro fue uno de los muchísimos españoles que fueron migrantes económicos. En su caso, pobre y hambriento, fue de polizón a Argentina. Hace nada, los migrantes fuimos nosotros; ahora son otros. Siempre, en todos lados, ha habido, hay y habrá políticos sin vergüenza ni memoria que los utilizan para medrar. Y, también, gente que olvida que el lugar y el momento en el que nacemos es cuestión de suerte y que la suerte, como es sabido, puede cambiar.