García Albiol aprende qué sucede cuando se aplica su doctrina

El brote de xenofobia, racismo y aporofobia que ha estallado en Badalona se ha convertido en un escandaloso contrapunto para la Navidad. La tradicional celebración cristiana del amor fraterno y la paz pierde cada año un poco más su sentido religioso en beneficio de la explosión hibernal del consumismo. Y justo ahora, cuando las autoridades locales engalanan e iluminan alegremente los centros de las ciudades, en...

el suburbio, allí donde la ciudad pierde su nombre, un numeroso contingente de inmigrantes pobres es arrojado sin misericordia ni contemplaciones a la más cruda intemperie. A vivir bajo un puente. O a la ribera de un río. A pasar la Navidad bajo la lluvia y el frío.

Las víctimas de la explotación política de la miseria, el miedo a los extranjeros y el racismo sobre la que ha basado su ascenso el actual alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, son esta vez personas que malvivían refugiadas en un semi ruinoso edificio público abandonado. La mayoría son subsaharianos, doblemente marginados por su condición de pobres y africanos emigrados a la rica Europa.

El escándalo es especialmente hiriente porque este es un país en crecimiento económico desde hace años, que necesita imperiosamente mano de obra extranjera. Y los empresarios no dudan en recurrir a ella. El Gobierno catalán tiene un Departamento de Bienestar Social que debiera ocuparse de crisis como esta, perfectamente previsible, conocida y anunciada, pues el desalojo se efectuó con cobertura judicial y bajo control de la policía. Ha brillado por su incapacidad. Y no parece que aprenda.