‘La hija del carnicero’ es un ensayo autobiográfico donde la autora explica por qué el consumo de carne y sus oficios han sido vilipendiados

María José Fuenteálamo —el apellido es un homenaje a su pueblo, en Albacete— no quería ser carnicera. Y lo logró. “Mi deseo secreto era que todo el mundo se hiciera vegetariano para que mis padres dejaran de ser carniceros. Pero

e-carretera.html" data-link-track-dtm="">yo no quería ser vegetariana”, recuerda la hoy periodista y profesora universitaria, autora del brillante La hija del carnicero, publicado recientemente por la editorial Círculo de Tiza. “Veía que mis padres hacían algo bueno, que el pueblo les quería, que estábamos integrados. Eso lo he entendido después. En ese momento lo detestaba. Y esa contradicción es la fuerza del libro. Es una carta de amor a mi padre. Y también al sector”.

Sin embargo, la obra de esta escritora, que se define como “moderadita de la carne”, es mucho más que un ajuste de cuentas con el pasado. Por las poco más de 200 páginas de este deslumbrante texto, que destila memoria y guiños a un ayer que ya se fue, también hay mucho de historia cultural, de intentar entender el porqué el consumo de carne y el oficio de carnicero han sido vilipendiados y tratados con tan poco mimo. “La palabra ‘carnicero’ tiene una acepción negativa como adjetivo. Se usa para describir a alguien cruel. Eso me hacía pensar. ¿Por qué hemos cargado esa palabra de violencia simbólica?”, se pregunta Fuenteálamo, a la vez que da un sorbito de café en un bar próximo a la carnicería donde ha sido la sesión de fotos. Antes, al terminar esta, no duda en preguntar al carnicero qué tal va el negocio. La respuesta conecta con todo aquello que subyace en su ensayo: “Funciona muy bien, pero no hay relevo”.