Vecinas mayores del barrio flamenco de Santa María montan una obra para narrar el duro pasado de las casas de vecinos
El tamiz del tiempo tiende a dulcificar los recuerdos. Salvo si la evocación que asalta a la mente es visualizarse comiendo papeles de magdalenas y cáscaras de plátano, de pura hambre. Ese rincón de la memoria donde habitan esas vecinas hermanas de familia numerosa que, cuando llegaba el frío, se turnaban para salir porque solo tenían un abrigo. O las rodillas peladas de fregar a mano los escalones con arena de playa y sosa; el barreño de zinc para bañarse; el váter compartido para todo el edificio. Ahí solo queda resistencia y camaradería. Justo lo que pretende un grupo de mujeres mayores del barrio de Santa María de Cádiz con la obra de teatro que este jueves representan para narrar en primera persona un pasado que vivieron hace no tanto tiempo.
“La de hambre que hemos pasado”, suspira Luisa la de Enrique —“así mejor, que nadie me conoce por mi apellido”—, justo al finalizar uno de sus últimos ensayos antes del estreno. Sentadas en corro en torno a una mesa camilla y una cuna de atrezo, las otras cinco integrantes repasan el guion: María Jesús Figueroa, Conchi la del Boli, Ani Rizo, Carmen Campos y Juana la del Bolo. Todas, entre la década de los 70 y 80 años, son vecinas de Santa María y La Viña, dos barrios de Cádiz tan icónicos por el flamenco y el Carnaval, respectivamente, como por la pobreza que los marcó y atravesó durante la mayor parte del siglo XX. “Creemos que esta obra puede venir muy bien a la juventud para entender cómo era la escasez de entonces”, resume Charo Ruso, directora de la obra y también vecina de Santa María.






