La artista y doctora en Historia del Arte, miembro del grupo L-R, que mira lo tradicional asturiano desde una perspectiva contemporánea, reflexiona en sus diarios sobre música, baile, identidad y territorio
Leticia Baselgas tiene un caldín. Así es como llama a esa curiosidad perenne —un caldo burbujeante, a fuego lento, lleno de elementos— por comprender algo que le atrajo desde niña: la cultura tradicional, lo que se llamaban los bailes “regionales”, la identidad asociada a todo ello. Su peripecia vital, que incluye un doctorado en Historia del Arte, ha sido una dialéctica con esas expresiones culturales, sobre las que ha ido cambiando de postura, desde los grupos de baile, los grupos etnográficos o la asociación Muyeres (que reivindica la pandereta y el papel femenino en la música tradicional) hasta una última fase con la creación, junto a su pareja Rubén Bada, del grupo de post fol...
k L-R, ahora en pausa. Ahí mezclaron otras músicas, especialmente el blues, el rock, los sonidos fronterizos o el jazz, con lo asturiano. Pandereta y guitarra eléctrica. “¡Ahora hay más pandereteras que nunca!”, dice.
Baselgas (Gijón, 41 años) le dado muchísimas vueltas al asunto: llevaba “toda la vida” escribiendo un diario en sus libretas de cartoné sobre su relación con la música y el baile. Reformulando lo que había recopilado “desde el Pleistoceno Anterior” construyó un nuevo texto, Diarios de una panderetera (La Fabriquina), un ensayo autobiográfico (aunque se llamen diarios no son unos diarios) donde mezcla la peripecia vital con las citas eruditas (sí, se puede hablar de pandereta y música tradicional asturiana citando mucho a Michel Foucault, también a Deleuze y Guattari o a Paul Ricoeur), para intentar entender qué es eso de lo folclórico y cómo se construye la identidad en relación al territorio (en este caso al asturiano, aunque podría ser otro).






