Escribe, canta, pinta, hace teatro y filosofa. A través del metal trae a la actualidad la sabiduría de las pensadoras históricas olvidadas que más la inspiran
La mirada torva de Camilo José Cela parece posarse sobre esta joven de pelo rojo que posa con un vestido gótico tras el que se entrevé un cuerpo tatuado. Los tacones dorados resuenan sobre el parqué de la solemne Galería de Retratos del Ateneo de Madrid, con rostros de ilustres señores observando a la filósofa, ensayista, cantante de heavy metal y pintora Eloísa de Castro (Madrid, 28 años). Entre los cuadros, el de la
aria-zambrano/" data-link-track-dtm="">rebelde filósofa María Zambrano, única dama rodeada de 28 varones. Ella es faro intelectual para De Castro. “¿Acaso no soy libre para sentir? ¿Acaso no soy luz para vivir?”, entona la artista, de sangre burgalesa, en su canción María Zambrano, Ordo Amoris. De Castro recoge el legado intelectual de la malagueña para trasladarlo a un gineceo musical donde reúne a pensadoras ignoradas por sus coetáneos y olvidadas por la historia. Lo hace mediante el heavy metal, género difícil para el profano, pero vehículo utilizado para la filosofía o la ética, la mitología o la historia. El suyo es un ejercicio a contracorriente en tiempos de altavoces escupiendo versos sobre quién tiene el coche o el culo más grande.






