Atención, noticia bomba: el heavy metal está de moda. Sí, en 2025, en la época en la que las canciones triunfan fundamentalmente si pasan por TikTok, en la era de la música urbana, del autotune y del corte de pelo degradado a lo militar. Hace unas semanas, Black Sabbath, los reyes del género (aunque cuando ellos comenzaron -1968- aquel intenso ruido no se llamaba heavy metal), ofrecieron su último concierto arropados por bandas punteras como Metallica, Anthrax, Slayer o Pantera. Un gran número de medios, hasta los que siempre ignoraron a los autores de Paranoid, se hicieron eco. Mucho más se habló del grupo cuando solo 17 días después, el pasado 22 de julio, Ozzy Osbourne, carismático cantante del cuarteto de Birmingham, murió a los 76 años. Entonces, ya salieron a dar la cara los que nunca trataron el género con artículos llenos de lugares comunes y desconocimiento.

Este mes de julio actuó en Madrid Iron Maiden, la banda más en forma de la época dorada (los ochenta) del heavy. El grupo de Steve Harris y Bruce Dickinson apasionó a 55.000 fans sedientos de metal, muchos de ellos jóvenes. En España cada vez existen más festivales de metal: Resurrection Fest (Viveiro, Galicia), Leyendas del Rock (Villena, Alicante), Rock Fest Barcelona, Rock Imperium (Cartagena, Murcia)… Y el resto de Europa ya entra en el capítulo del delirio: Wacken (Alemania), Bloodstock (Inglaterra), Hellfest (Francia), Graspop (Bélgica), Brutal Assault (República Checa)… Todos con miles de personas pasando por taquilla y meneando la melena (el que todavía la conserve). Live Nation, la mayor promotora de conciertos del mundo, informó de que los conciertos de heavy han aumentado un 14 % en los dos últimos años. Las reproducciones de canciones de heavy en Spotify se han duplicado desde 2020, según la plataforma, y casi la mitad de los oyentes son de la Generación Z. ¿Está de moda o no está de moda? Solo con haber sobrevivido en un ecosistema musical tan hostil para ellos como el actual ya debería producir asombro.