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Meta humanosConstruyamos el país que merecemos.

Imaginemos el país como un edificio por levantar. Es una analogía necesaria. Pensemos en un grupo de albañiles que llega a un terreno donde debe construirse un edificio de varios pisos. Al llegar, descubren que el suelo está plagado de grietas profundas. La tierra se ha erosionado con los años. Hay zonas que se hunden con solo pisarlas. El drenaje es inexistente y, para colmo, nadie ha hecho estudios de suelo serios.

Un arquitecto honesto diría sin dudar: “Primero reforcemos el terreno. Hay que drenar el agua, compactar la tierra y construir un cimiento de concreto armado, bien anclado a la roca. Si no, esta obra está condenada”. Pero ahora imaginemos que, en lugar de ese arquitecto, llegan políticos de turno, caciques locales o contratistas sin escrúpulos que dicen: “¡No se preocupen! Levanten cuatro paredes, un techo de lámina y tomen la foto para la inauguración”. El resultado es predecible: la primera tormenta o el primer sismo lo derriban todo.