Los jóvenes son uno de los sectores de la sociedad que más están padeciendo la crisis habitacional. La mayoría de ellos están inmersos en un mercado de alquiler en el que los precios no dejan de crecer y hacen cada vez más difícil el acceso a un techo. Desde la crisis de 2008 el arrendamiento impera como fórmula de alojamiento entre quienes dan sus primeros pasos hacia la vida adulta y gana cada vez más terreno. Según un estudio publicado este martes por el Consejo de la Juventud de España (CJE), Fad Juventud y Oxfam Intermón, dos de cada tres jóvenes actuales de entre 25 y 29 años —los nacidos entre 1995 y 1999— son inquilinos. Hace dos décadas esa era prácticamente la proporción de personas que vivían en una casa en propiedad a esa misma edad.El peso de inquilinos y propietarios se ha invertido en las generaciones más jóvenes. Si el 65% de los nacidos entre 1975 y 1979 contaban entre los 25 y los 29 años con una vivienda en propiedad, a esa misma edad solo el 35% de los nacidos entre 1995 y 1999 se encuentran en la misma situación. "La propiedad deja de ser el modelo predominante en la cohorte nacida a partir de 1985-1989, la primera en experimentar los efectos regresivos de las políticas de austeridad tras la Gran Recesión", señala el estudio, que indica que esa fue la primera generación en la que, en los años previos a la treintena, había más personas que vivían de alquiler (56%) que propietarios (44%). Se trata de una tendencia que ha seguido creciendo desde entonces, llegando la proporción de inquilinos a los 25-29 años hasta el 66% entre los nacidos en 1995-1999. A esa misma edad, solo el 35% de los nacidos entre 1975 y 1979 pagaban un arrendamiento. "Las trayectorias de emancipación clásicas de las personas jóvenes han sufrido importantes cambios durante las últimas décadas", constata el informe, que apunta al surgimiento, a partir de la crisis económica y financiera de 2008 —un momento de dificultades para acceder al crédito, fuertes subidas de los alquileres y estancamiento de los salarios—, de una "generación inquilina" que ha vivido en primera persona el cambio de modelo de la propiedad al alquiler. La reconfiguración del panorama habitacional ha tenido especial incidencia en los jóvenes autóctonos, entre los que han pasado de vivir en alquiler el 14% en 2006 al 41% en 2024. En los extranjeros el avance ha sido menos pronunciado porque ya estaban menos presentes entre los propietarios: alrededor de seis de cada diez jóvenes nacidos fuera del país residían en régimen de alquiler en 2006, mientras que en 2024 la proporción era de ocho de cada diez. Por nivel de renta, el giro hacia el alquiler ha sido menos marcado entre las personas de mayor poder adquisitivo. Entre el 20% de hogares jóvenes más pobres, en torno al 70% son inquilinos, frente a un 50% entre los más acaudalados. "Aunque las personas jóvenes con más recursos siguen accediendo más a la propiedad, la mayoría de ellas también son ahora inquilinas", señala el análisis.A pesar de que las dificultades para acceder a una vivienda se han incrementado, paradójicamente los jóvenes de hoy en día tienen más probabilidad de obtener un empleo indefinido. El 63% de los trabajadores nacidos entre 1995 y 1999 contaban entre los 25 y 29 años con un contrato de este tipo, frente a un 47% de los nacidos una década antes a esa misma altura de la vida. "A partir de la aprobación de la reforma laboral se produce un cambio en la modalidad contractual de las personas jóvenes: los contratos indefinidos aumentan de forma sostenida hasta superar el millón, en detrimento de la contratación temporal y paralelamente aumentan los contratos fijos discontinuos hasta situarse al mismo nivel que los temporales", explica el informe.Sin embargo, el estudio niega que el cambio en la modalidad de contratación haya traído consigo una mejora del poder adquisitivo de los jóvenes o de sus condiciones materiales. "Esa estabilidad formal del contrato no garantiza, en este contexto, la estabilidad vital", remarca el documento, que apunta a que el encarecimiento de la vivienda explica en buena medida esa fala de correlación en la situación de los jóvenes. Solo en la última década el precio de los alquileres ha subido un 77%, mientras que la renta disponible de los hogares ha crecido un 33%."El mercado del alquiler ha adquirido un papel central y dual, es decir, es el principal mecanismo de acceso a la emancipación, pero también es un mecanismo clave de desigualdad", subraya el estudio, que apunta a que el esfuerzo económico medio que un hogar joven tiene que hacer para costearse un piso se ha situado de forma sostenida entre el 40% y 50% de la renta disponible a lo largo de la última década, muy por encima del 30% recomendado. En los hogares unipersonales, el esfuerzo supera el 80% desde 2017. "El mantenimiento de niveles de sobreesfuerzo que superan ampliamente los umbrales de accesibilidad pone de manifiesto un deterioro estructural de las condiciones de acceso a la vivienda", constata el análisis publicado este martes, que recuerda que la tasa de emancipación entre los menores de 30 años se encuentra en mínimos (15,2%).El creciente predominio del alquiler no es solo patente en las edades más jóvenes, también pasado el umbral de la treintena. La proporción de personas que entre los 30 y 34 años vivían en un piso arrendado ha pasado del 22% entre los nacidos entre 1970 y 1974 hasta el 51% en los nacidos dos décadas después. Y a la inversa, si en el primer grupo el 78% eran ya propietarios en los primeros años de la treintena, en los nacidos entre 1990 y 1994 solo el 49% se encuentra en esa situación.