La guerra en Irán se dirige a acabar sin vencedores, pero el acuerdo del alto el fuego sí tiene un claro perdedor: Benjamín Netanyahu.El grado de fracaso estratégico de la campaña que lanzó en febrero, junto con Estados Unidos, tiene escasos precedentes en la historia de Israel. Con un añadido: para Netanyahu (que lleva en el poder casi 19 de los 78 años que cuenta el país), atacar la República Islámica no era solo un “sueño” desde hace cuatro décadas (en sus propias palabras) para el que le faltaba un socio dispuesto en la Casa Blanca. Era, de haber salido bien, una especie de redención personal y política por el otro inmenso fiasco de seguridad de su mandato: el ataque de Hamás de octubre de 2023. Los potentes servicios de inteligencia no vieron venir el plan sorpresa y los milicianos palestinos tuvieron horas para matar y secuestrar a casi 1.500 personas antes de que llegasen los refuerzos necesarios. Netanyahu es el único dirigente, político o militar, aquel día que no ha dimitido ni pedido perdón, además de obstaculizar una comisión de investigación estatal independiente sobre el tema. La victoria sobre Irán habría supuesto el colofón de su intento de transformar el relato en torno a aquel día: del más letal en la historia de Israel al inicio de un nuevo Oriente Próximo.A cuatro meses de unas elecciones en la que los sondeos lo sitúan lejos de revalidar su actual coalición de Gobierno, Netanyahu ha intentado este lunes, en su primera rueda de prensa en tres meses, presentarse ante los israelíes como su salvador para convencerles del éxito de la campaña bélica. “¿Qué fracaso? Mira Israel el 7 de octubre y ahora. ¿Cómo se puede comparar?“, aseguró en su habitual tono a la defensiva ante la prensa. ”No me he equivocado en absoluto". El principal éxito de la operación —ha señalado—es que salvó a los israelíes de la “amenaza inmediata de aniquilación” porque Irán “ya habría tenido el arma nuclear”.Va a tener que retorcer mucho el lenguaje estos días —o sacarse uno de sus mejores conejos de la chistera— porque el pacto entre Teherán y Washington no cumple uno solo de los objetivos por los que Israel impulsó la guerra y ha acabado transformando la —a veces sonrojante— luna de miel de Netanyahu y Trump en órdenes e insultos semanales. “Israel está pagando ahora el precio de la ronda de enfrentamientos con Irán en la que involucró a Trump. El hombre que prometió la victoria total y afirmó que el régimen caería, el hombre que pensó que sería un paseo por el parque en el que la superioridad militar, aérea y operativa israelí-estadounidense sobre Irán produciría un resultado aplastante y absoluto, está recogiendo ahora los pedazos de su propia arrogancia y esperando sobrevivir”, escribía este lunes el conocido comentarista del diario Maariv Ben Caspit.En la mañana de este lunes, la hemeroteca es inmisericorde con Netanyahu. Tras la anterior guerra en Irán, en junio de 2025, ya habló de “una victoria histórica que perdurará por generaciones”, al “eliminar dos amenazas existenciales”, la del armamento nuclear y 20.000 misiles balísticos.Sin embargo, ocho meses más tarde lanzó la que ahora termina a su pesar. “El objetivo de la operación es acabar con la amenaza del régimen del ayatolá en Irán”, dijo al hacerlo. “Continuará el tiempo que sea necesario. Si no los detenemos ahora, se volverán invulnerables. Sus representantes en las negociaciones intentan ganar tiempo, buscando obtener ventaja mediante negociaciones infructuosas y engañosas con nuestros amigos estadounidenses”. En aquellos días de euforia, un edificio de Tel Aviv mostraba un cartel contra las molestas casandras, con una foto de Trump y Netanyahu y la frase en hebreo: “Los comentaristas hablan. Los líderes lideran”.PromesasUno de los representantes de ese mismo régimen iraní estrechará la mano de Trump este viernes en Ginebra, al sellar el acuerdo. Resistió al asesinato de su líder supremo, Alí Jameneí, y a semanas de bombardeos de dos de los ejércitos más poderosos del mundo. Las promesas de manifestaciones masivas en las calles de Irán, de un avance kurdo desde Irak o de una operación militar para hacerse con el uranio enriquecido quedaron en nada o fueron abortadas.Netanyahu no tiene un solo logro significativo que vender ni siquiera en su tema estrella: el programa nuclear de Irán. Lleva años presentando al país como una amenaza de la humanidad a punto de desarrollar una bomba nuclear, en contradicción con la estimación de los expertos y de sus propios servicios de inteligencia. Al final, el pacto deja el asunto pendiente de negociación en los próximos 60 días. El programa no se detendrá y no está claro cómo será diluido el material nuclear por encima del 60% de enriquecimiento. Trump dijo este domingo que lo “tomarán” en “el momento apropiado, cuando ”todo esté tranquilo”. Una píldora difícil de tragar para el primer ministro israelí que escandalizó a estudiosos del Holocausto al justificar la ofensiva en que, de lo contrario, los nombres de las centrales atómicas de Natanz, Fordow, Isfahan y Parchin “habrían sido recordados eternamente en la infamia, justo como [los campios de exterminio y de concentración de nazis de] Auschwitz, Treblinka, Mayanek y Sobibor”.Han sido dos meses de guerra y otros dos de alto el fuego para acabar regresando a algo aparentemente parecido al acuerdo nuclear de Barack Obama. El mismo que abandonó el presidente de EE UU en su primer mandato y contra el que maniobró Netanyahu, hasta el punto de aprovechar que los republicanos controlaban la Cámara de Representantes de EE UU para dar allí un discurso animándoles a torpedearlo. Todo con un coste diario para las arcas israelíes de mil millones de shekels (cerca de 300 millones de euros) solo en gastos militares.FuturoAmos Harel, comentarista de asuntos de defensa del diario Haaretz, escribía este lunes que, “tras el fracaso de esta guerra”, cuesta “imaginar que algún futuro presidente estadounidense —probablemente también menos amigable con Israel— apoye a un primer ministro israelí en una futura guerra con Irán, en el escenario bastante plausible de que el régimen decida algún día fabricar una bomba nuclear”.Antes de la guerra, Netanyahu hablaba también —y mucho— de otros dos temas: el programa de misiles balísticos de Teherán y de su apoyo a sus milicias aliadas en Oriente Próximo. En diciembre, un periodista preguntó a Trump si apoyaría que Israel atacase Irán solo por el programa de misiles, no el nuclear. Respondió: “Absolutamente”.Meses más tarde, estos dos asuntos estaban ya tan ausentes en las negociaciones con Teherán que hasta Netanyahu había dejado de mencionarlos. No aparecen siquiera en el texto del memorando de entendimiento que se firmará en Ginebra, según los puntos que ha adelantado la agencia Mehr. El texto aún no ha sido difundido.La guerra ha supuesto, además, a Netanyahu el derrumbe de su relación con Trump. El jefe de Gobierno israelí supo halagarle en su impecable inglés y colmar su ego: sugirió que es el mejor de los 45 presidentes que ha tenido EE UU y lo propuso para el Nobel de la Paz. Era mutuo. Hace apenas seis meses, Trump llamaba a Netanyahu “héroe” y presionaba al presidente de Israel, Isaac Herzog, a concederle un indulto por los tres casos de corrupción en los que está imputado. Pero cuando sus intereses en Irán divergieron, lo tiró a los pies del caballo y comenzó a insultarlo semana sí, semana también. En los últimos ocho días, lo ha tildado de “puto loco” y de “tipo muy complicado” sin “una puta brizna de juicio”. Así, este lunes, el nuevo Oriente Próximo que prometió Netanyahu hace casi tres años consiste en que Hamás sigue en el poder en parte de Gaza; Hezbolá combate a las tropas israelíes en el sur de Líbano; y el régimen de Teherán sale reivindicado, envalentonado y con su asfixiada economía preparada para recibir millones de dólares, por el descongelamiento de sus fondos en bancos de todo el mundo. En medio, el Israel de Netanyahu ha matado a cerca de 80.000 personas en Gaza, Líbano, Siria y Cisjordania; ocupa más territorio que nunca desde 1982 (“indefinidamente” en Líbano y Siria, ha subrayado este lunes su ministro de Defensa, Israel Katz) y tiene una denuncia por genocidio en el Tribunal de La Haya y a Netanyahu, bajo orden de arresto como sospechoso de crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza.
El fin de la guerra margina a Netanyahu
El pacto no cumple uno solo de los objetivos de Israel. El primer ministro acaba enemistado con Trump y sin logros que vender a su población a cuatro meses de las elecciones













