Helena PelicanoJerusalén 17/06/2026 06:00 Actualizado a 17/06/2026 06:26 La firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán está prevista para este viernes en Ginebra. El pacto busca detener la escalada militar, reabrir el estrecho de Ormuz y abrir una fase de negociación de 60 días sobre el programa nuclear iraní. Washington lo presenta como un intento de estabilización regional. Lo que no dice es que ese escenario es, en buena medida, el resultado de una cadena de decisiones israelíes que han acabado complicando la posición del propio Beniamin Netanyahu.Los iraníes han dejado claro, a través de Hizbulah, que cualquier entendimiento definitivo tiene una condición previa: la retirada israelí del sur del Líbano. “No habrá acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos a menos que los israelíes se retiren de Líbano”, declaró el grupo armado el martes en declaraciones recogidas por Reuters. Con esa exigencia, el frente libanés -que Netanyahu presentó como una operación de seguridad controlada- se convierte en el principal obstáculo para la paz en la región.Israel lleva meses con tropas en el sur del Líbano y ha bombardeado Beirut incluso con una tregua vigente, cruzando líneas rojas que Teherán había marcado para proteger a su principal brazo regional. La campaña no ha logrado su objetivo declarado: acabar con la presencia de la milicia chií en la frontera. En el norte de Israel, mientras tanto, los ciudadanos han vivido períodos de desplazamiento y alarmas antiaéreas que se han convertido en parte del paisaje cotidiano. La lista de soldados israelíes caídos en combate también continúa aumentando a diario.Este lunes, Netanyahu afirmó en un discurso que la guerra no ha terminado y que las tropas israelíes no abandonarán el territorio libanés. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue en la misma línea: Israel permanecerá en el sur del Líbano “sin límite de tiempo” y no habrá concesiones en las denominadas zonas de seguridad. La posición es políticamente comprensible. Las elecciones -las primeras desde los ataques del 7 de octubre- están previstas para septiembre u octubre, y Netanyahu necesita la continuidad en el poder para evitar que avance su juicio por corrupción. Ceder terreno en Líbano ahora, con la campaña electoral a la vuelta de la esquina, sería un regalo envenenado para una oposición que ya le saca una ligera ventaja en las encuestas, según las encuestas del Canal 11 israelí.Conflicto entre aliadosTrump llegó a afirmar que Netanyahu “no tiene ningún juicio” y critica su insistencia en mantener la invasión de LíbanoEsa insistencia, sin embargo, amenaza con erosionar la relación con Washington. En la cumbre del G7 celebrada este lunes, Trump criticó públicamente los bombardeos israelíes sobre Beirut, asegurando que se produjeron en un momento crítico de las negociaciones con Irán, y sugirió que quien debería ocuparse de Hizbulah es la nueva Siria de Ahmed el Sharaa y no Israel.Previamente había escrito en Truth Social que “esta mañana el ataque a Beirut no debería haber ocurrido” y que “no debe haber más ataques israelíes en ningún lugar del Líbano” mientras avanza el pacto. Según el relato recogido por Axios, Trump llegó a decir en privado que Netanyahu “no tiene ningún juicio” tras la operación en Beirut. No es la primera vez: según informaciones previas, el presidente estadounidense ya le había llamado idiota en una conversación telefónica de tono particularmente duro.La paradoja es que Netanyahu fue uno de los principales impulsores de la presión estadounidense sobre Irán. Durante años trabajó para convencer a Washington de que Teherán era la amenaza central de Oriente Medio y que había que confrontarla. Ahora que Trump ha decidido resolver el conflicto por la vía diplomática, el acuerdo que se firma en Ginebra no solo deja fuera las prioridades israelíes, sino que las convierte en un obstáculo para el proceso.La oposición israelí, que inicialmente cerró filas entorno a Netanyahu en su ofensiva contra Irán, ahora le reprochan su fracaso militar en diversos frente. En Gaza, tras casi tres años de guerra y una destrucción masiva, Hamas sigue existiendo, aunque debilitado. El alto el fuego está paralizado en su implementación y no hay un plan político consistente para el futuro de la franja. Con respecto a Irán, el régimen no solo no ha caído, sino que tiene hoy mayor capacidad de presión en el estrecho de Ormuz que antes del conflicto. Y en Líbano, tras una guerra de tres meses en 2024, un alto el fuego que Israel violó en más de diez mil ocasiones a lo largo de un año, y la actual invasión terrestre, Hizbulah sigue en pie.“Israel ha ganado la batalla; Netanyahu ha perdido la guerra”, afirmó uno de los líderes de la oposición, Yair Lapid. La acusación es concreta: los avances militares no se han traducido en resultados políticos duraderos. Ninguno de los objetivos estratégicos fijados tras el 7 de octubre -la destrucción de Hamás, la neutralización de Hizbulah, el debilitamiento del régimen iraní- se ha cumplido de forma definitiva. El resto del arco político coincide en que Irán, Hizbulah y Hamás siguen siendo una amenaza real. Pero tampoco propone una alternativa clara a la deriva actual.Netanyahu se enfrenta así a elecciones con poco margen de maniobra y una invasión en Líbano enquistada. Y el calendario electoral no espera.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo
Israel no admite su derrota
Beniamin Netanyahu se aleja de Trump e insiste en mantener el frente libanés












