El Magazín Cultural

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En la historia de los amores famosos hay personas que parecen tocadas por los dioses. Por ejemplo Roger Vadim, el director de cine que tuvo el rarísimo privilegio de ver dormir a tres criaturas fantásticas: Jane Fonda, Brigitte Bardot y Catherine Deneuve. Las ayudé a florecer, dijo con modestia franciscana una vez.

Vadim las conoció muy jóvenes y las sintió como encarnaciones sucesivas de una misma obsesión: la mezcla perfecta del talento, la emancipación femenina y el espectáculo de la belleza. Pero el tiempo le jugó una ironía: Bardot, Deneuve y Fonda crecieron hasta convertirse en figuras mucho más grandes y complejas que Vadim, el «Pigmalión» que se jactaba de haberlas inventado.