Hay estrellas que atraviesan Hollywood dejando una estela de encanto. Y hay otras, como Susan Sarandon (79), que además dejan una huella memorable. Dueña de un talento extraordinario, una personalidad magnética y una libertad poco común, la actriz construyó una carrera brillante sin resignar jamás sus convicciones. Ganadora de un Óscar, madre de tres hijos y protagonista de algunos de los romances más comentados, hizo de la independencia su mayor sello. Susan Abigail Tomalin nació el 4 de octubre de 1946 en Nueva York, y creció en una familia numerosa de nueve hermanos. Trabajó como peluquera y limpió departamentos para pagar sus estudios de Arte Dramático, al mismo tiempo que se escapaba de algunas clases para participar en marchas contra la guerra de Vietnam y en favor de los derechos civiles de las mujeres. Se enamoró muy joven de un compañero de estudio, Chris Sarandon. Juntos fueron a un casting. Él no consiguió el papel; ella sí. A partir de ese momento comenzó una carrera que nunca dejó de sorprender. Con Sarandon se casó en 1967. Aunque el matrimonio terminó doce años después, Susan decidió conservar el apellido, que ya empezaba a ser reconocido en la industria. Luego de su divorcio, conoció al director francés Louis Malle, con quien tuvo una relación de tres años y quien la dirigió en dos películas muy importantes en su carrera, Pretty Baby (1978) y Atlantic City (1980). A fines de los años 70 vivió un apasionado romance con el director italiano Franco Amurri, con quien tuvo a su primera hija, Eva (41). En 1982, Susan se destacó en Tempest, una comedia dramática dirigida por Paul Mazursky e inspirada en la obra de William Shakespeare. Por ese trabajo ganó el premio a la Mejor Actriz en el