Llueve a mares sobre Buenos Aires pero Inés Efron llega caminando a la entrevista como esos personajes dibujados a mano que habitan las películas de Miyazaki. Su aparente fragilidad puede convertirla en líder de una secta siniestra en Soy Tu Mensaje, adolescente intergénero en XXY, madame sadomasoquista en División Palermo, paseadora canina en Medianeras o también en la adorable criatura de Amorosa Soledad. Inés Efron además tiene un gato que se llama Cebiche, un podcast que habla sobre rituales de limpieza en el hogar y es docente teatral tanto en su estudio como en comunidades terapéuticas. Y mientras abre sus ojos de animé se entrega a la charla.
-Estuviste en una de las mejores películas de Lucrecia Martel, La Mujer sin Cabeza. ¿Cómo es trabajar con ella ?
-Que te dirija Lucrecia es uno de esos lujos de la vida. Yo estaba en el set y sentía que lo que pasaba era un sueño, porque ahí se encontraban lo onírico y lo extraño de la película con mi sueño real de trabajar con Martel. Era como experimentar el placer de de ver a una directora de orquesta, tenés la sensación de que ella es un eje sobre el cual está orbitando todo y Lucrecia es absolutamente consciente de los roles que juega cada uno. Algo que me pasó con ella, y que no se da tantas veces, es sentir que todo el equipo esté respetando a quien dirige y ese respeto emana no de una autoridad impuesta sino desde lo artístico, eso resulta en un clima de trabajo muy hermoso. No me olvido más de la atmósfera en el rodaje, para mí fue novedosa esa sensación de concentración total y de mucho enfoque.






