EditorialEl presidente Gustavo Petro no puede ser el principal factor de riesgo de cara al domingo.13.06.2026 18:45 Actualizado: 13.06.2026 23:30 La que se inicia será la última semana de la campaña para elegir al sucesor del presidente Gustavo Petro. Una contienda sin lugar a dudas intensa, marcada más por la pugnacidad y las emociones que por los argumentos y en la que diferentes fracturas de nuestra sociedad han quedado expuestas.Pero con todo lo negativo, desde las noticias falsas y la intención de reemplazar viralidad por serenidad, pasando por el equivocado actuar de varios funcionarios que sin dejar sus cargos han dado el salto a la militancia, algo muy positivo queda: la constatación de la solidez, transparencia y confiabilidad de nuestro sistema electoral. Este es tal vez el activo más valioso de nuestra democracia. A esta se le pueden formular muchas críticas fundadas: problemas de representatividad, cooptación por parte de actores armados, dificultad para articular las demandas de la gente y convertirlas en soluciones, lo que sea, pero no se puede decir que los mecanismos que permiten contar los votos generen desconfianza alguna.Pero, para desgracia del país, nada menos que el Presidente de la República se ha empeñado en desconocer los resultados de la primera vuelta, recurriendo a argumentos ya ampliamente desmentidos, encaminados a generar una desconfianza en la labor de la Registraduría y en todo el andamiaje tecnológico y logístico que sostiene los comicios y, de paso, la propia democracia. Y persiste en esta actitud pese a que ya ha quedado claro que su reclamo no corresponde con la realidad.Este proceder del mandatario no solo pone al descubierto un peligroso talante antidemocrático, sino que le causa al país un daño inconmensurable. Como es lógico, al ser Petro además del primer mandatario un líder carismático con amplia acogida en un sector grande de la población, sus palabras son tomadas como verdad por sus seguidores. Así, desinformando con fines que nadie hoy entiende, se corre el riesgo de destruir con un par de trinos una confianza que ha tardado siglos construir.Dicho lo anterior, no queda sino conminar al Presidente a recapacitar sobre las consecuencias de su pirómano proceder. El mismo que ha perjudicado, sobre todo, a la candidatura de Iván Cepeda. Comenzando porque son los sectores sociales que dice reivindicar los que más pueden sufrir las consecuencias de un desbarajuste del país en caso de que persista en esta peligrosa postura la noche del 21 de junio. Lo que menos le conviene a esta sociedad es que el guion que parece estar siguiendo el mandatario sea el mismo de Donald Trump o de Jair Bolsonaro, cuando salieron derrotados en las elecciones con las que pretendían renovar sus mandatos. En ambos casos desde el primer momento también estuvo claro que sus reclamos carecían de sustento.El ambiente electoral es muy complejo. A esta amenaza se suman otras muy serias como las alertas del propio ministerio de Defensa en el sentido de que se están preparando desmanes y disturbios en función de los resultados del domingo, el constreñimiento a los electores por parte de grupos armados, la compra de votos y el nivel que ha alcanzado la confrontación, entre las propias campañas y entre sus seguidores. Es triste constatar cómo destacadas hojas de vida no son óbice para que personas encolerizadas acudan a ruines procederes en el afán de descalificar a la contraparte y viceversa. Sería muy valioso que una discusión serena y de altura, con argumentos y respeto entre los candidatos, en el marco de un debate pudiera ser citada como referente para que recapaciten los violentos de las redes.En una turbulencia como la que se vive, el Presidente tiene que ser el adulto responsable que conduzca a buen puerto la democracia, constituyéndose en figura de unidad, referente de serenidad y lo que otrora se denominaba talante republicano.Señor Presidente: el sistema electoral no tiene ningún tipo de fisura. Al contrario, en las dos elecciones de este año, como en tantas otras del pasado reciente, ha demostrado su solidez tal y como lo respaldan los informes de las misiones de observación a cargo de expertos y autoridades de otros países ajenas a nuestros vaivenes internos. El desempeño de la Registraduría el pasado 31 de mayo fue óptimo. Lo confirma la mínima cantidad de reclamaciones, así como la coincidencia del 99,9 por ciento entre el resultado del preconteo y el del escrutinio.En una turbulencia como la que se vive, el Presidente tiene que ser el adulto responsable que conduzca a buen puerto la democracia, constituyéndose en figura de unidad, y lo que otrora se denominaba talante republicanoLa incertidumbre que hoy sigue rondando el resultado de la segunda vuelta en Perú es un espejo para mirarse y tranquilizarse. Aquí estamos ante hechos, ante una realidad fáctica en la que los colombianos pueden hallar plena tranquilidad para ejercer su deber y esperar los resultados en la misma tónica. El llamado es a la responsabilidad con la nación y con su democracia. Un presidente no puede tener bajo la manga el no aceptar lo que digan las urnas simplemente porque no le es favorable.EDITORIALeditorial@eltiempo.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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