El Papa ha seguido escuchando realidades migrantes este viernes en Tenerife tras su paso por Gran Canaria. Una de esas historias ha sido la de Jalil, un joven marroquí que contó cómo dejó su hogar buscando una oportunidad para construir un futuro “digno, seguro, para mí y para mi familia”. “Mi viaje en patera no fue nada fácil”, asegura.
“Traté de llegar a Canarias dos veces, en el primer intento murieron 20 personas”, dijo. Recuerdo que cuando regresé a casa, mi padre me abrazó llorando y me dijo que no había dormido en toda la noche porque había soñado que la patria volcaba en el mar.
“Aquella tragedia dejó una huella muy profunda. Mi padre me prohibió volver a intentarlo. Pero un año después, aunque tenía miedo, decidí volver a salir”, dijo.
Sin su permiso, con muchas dificultades, volvió a intentarlo. “Tras segundo viaje, también dio dificultades. Llegué a Tenerife y aquí comenzó para mí una nueva vida”, apuntó.
Pocos meses después, cuando estaba a punto de quedarme en la calle, conocí a la Fundación Don Bosco. Ellos me convirtieron en una segunda familia. Me ofrecieron un hogar donde vivir“, añadió.












