La Laguna (Tenerife) (EFE).- Jóvenes africanos llegados en embarcaciones precarias a Canarias celebran la visita a Tenerife del papa León XIV, al que piden que «siga recordando al mundo que detrás de cada emigrante hay un sueño, un madre y una persona que merece una oportunidad». «No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae solo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?», dijo el papa este jueves en Arguineguín. Ese es el mensaje que le animan al pontífice a repetir jóvenes como el senegalés Baqué, un veinteañero que agradece al líder de la Iglesia Católica su empeño en transmitir a la sociedad «que este mundo es para todos, que no hay división» entre los anhelos de una vida mejor de unos seres humanos y otros. Sin dejar de celebrar como todo un éxito el haber llegado «sano y salvo» a El Hierro después de una travesía en un cayuco en la que vivió «un verdadero infierno», navegando medio a la deriva durante nueve días y teniendo que remar los tres últimos al quedarse sin combustible, este chico africano insiste en demandar comprensión a quienes rechazan a los inmigrantes. Agradecido a las personas, instituciones y entidades que los acogen, Baqué recuerda que no faltan quienes los estigmatizan, de un modo que considera infundado a incomprensible. «A veces no entiendo a la gente, porque dice que venimos a robar, a hacer algo que no es. Solo queremos oportunidad para ayudar a nuestra familia, que lo necesita», declara. «Por eso estamos aquí. No venimos a quitar nada, solo venimos a sumar». Él trata de hacerlo formándose para incorporarse al mercado laboral al amparo de la fundación que lo acoge, como otro chico de 21 años que, mientras esperaba al papa un poco más allá, rememora la arriesgada travesía que lo condujo a El Hierro, en un cayuco donde muchos de los ocupantes «llegaron enfermos». «Pero, gracias a Dios, solo uno murió dentro de la patera», dice. No han sido los únicos en hacer un balance esperanzado de los sufrimientos que conlleva la aventura de lanzarse al mar de forma incierta en la apuesta por sortear la miseria. A solo unos metros, otro joven africano más declara: «Gracias a Dios, llegamos aquí y estamos viviendo una nueva vida». Este muchacho cuenta que, en estás en medio de travesía, no hay la certidumbre de llegar. Él confiesa que pasó «mucho miedo, porque el mar no se está quieto, el agua entraba y había que sacarla para no hundirse (el cayuco) y no tardó en acabarse la comida». Con 22 años y después de haber dejado atrás a sus seres queridos, este joven ha hecho igualmente, pese a todo, un balance positivo de su experiencia, recordando que dar el salto no fue fácil. Para empezar, detalla, por el hecho de que «había que pagar 1.000 euros por el viaje y no es fácil conseguir el dinero». «Yo tuve suerte, porque me lo pudo pagar mi tío», añade. Y sobre la visita de León XIV, asegura estar agradecido porque «el papa va a hablar sobre los bulos, las personas que nos miran mal aquí» y que, a su juicio, no tienen razón. «Nosotros no venimos aquí para robar ningún trabajo a nadie ni para hacer nada malo. Venimos aquí para mejorar nuestra vida y ayudar a nuestra familia», enfatiza. EFE