Darse un nuevo rumbo. Es el objetivo que se ha marcado este jueves, tras una reunión de su Grupo Coordinador, la antaño casa política de Yolanda Díaz, Movimiento Sumar. En medio del tsunami mediático sobre los entresijos del partido —después de que este martes saliera a la luz el enfrentamiento, soterrado durante meses, entre su actual coordinadora, Lara Hernández y su portavoz en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, así como un denuncia interna por acoso laboral contra su número uno—, la dirección intenta contener la hemorragia de la que es ya su mayor crisis en apenas tres años de vida. ¿Cómo? Redefiniendo la identidad del partido —y su papel en el espacio de la izquierda alternativa— de cara a su próxima asamblea, que se celebrará el próximo sábado 11 de julio.PublicidadEntretenidos en negociar una posible candidatura de unidad y a la espera de que la comisión antiacoso dicte sentencia sobre la denuncia contra Hernández, la plana mayor del partido escenificaba, este jueves, una tregua. Lo hacía aprobando, con más de un 90% de los votos, un nuevo manifiesto político, al que ha tenido acceso Público. En el texto, acuñan y se identifican con un nuevo término: laborismo ecosocialista. Un "perfil propio" con el que se ofrecen a contribuir a un nuevo frente amplio de izquierdas, lejos ya de su función como paraguas del espacio.Buena parte del argumentario que ha diseñado Movimiento Sumar para su nueva etapa se fundamenta, precisamente, en esa etiqueta. El laborismo, explican en su manifiesto, tiene que servir para "liberar tiempo de vida" —uno de los grandes objetivos no cumplidos de esta legislatura es la reducción de la jornada laboral—, para dar respuesta a "los desafíos que plantea el papel de la tecnología", y para defender la soberanía digital "contra los tecno-oligarcas". Todo ello sin renunciar a la otra cara de la moneda: los postulados verdes y feministas. Y es que en el partido están convencidos de la urgencia de "orientar la economía hacia el postcrecimiento" para hacer frente a la crisis climática y no violentar "los límites planetarios". De ahí que estén trabajando para "formar una alianza política y electoral" con Verdes Equo y, en la arena internacional, con el Partido Verde Europeo.También dejan clara su voluntad de cortar el paso a la ola ultraderechista: "Nos negamos a dar por bueno que la internacional del odio y la guerra, del fascismo fósil, del fundamentalismo antiderechos, de los muros y las fronteras sea imparable y que solo podemos aspirar a la resistencia". Para ello, entre otras cosas, hacen bandera del antirracismo, que "debe entenderse como un eje estructural y transversal de nuestro proyecto político y como parte del modelo central de nuestro país". Como no podría ser de otra manera, remarcan, además, su compromiso con la crisis de la vivienda, que tampoco ha conseguido atajar el gobierno de coalición al que dan vida PSOE y Sumar. "Debemos de garantizar el acceso a una vivienda digna y adecuada y, para ello, es imprescindible una posición activa y decidida desde las instituciones para la intervención del mercado, mediante normas y políticas públicas", insisten en esta línea.Por lo demás, reivindican como propia —como ya hizo en su día Sumar en la carrera hacia las elecciones del 23J— la "pluralidad cultural, lingüística, territorial y nacional", el "europeísmo social y democrático", la sanidad y educación públicas, la lucha por unos salarios dignos o las exigencias a la Unión Europea para que plante cara al genocidio en Palestina. Para conseguir todos estos objetivos, tienen claro el camino. Por un lado, garantizar una mayoría "plurinacional y de progreso" en el Congreso, que permita seguir avanzando en derechos. Por otro, dotarse de unas "reglas comunes", que ayuden a tejer un "frente amplio" de izquierdas. Un espacio, apuntalan, "que vaya más allá de lo que fue la coalición Sumar" y con la fuerza suficiente para orientar "las políticas sociales, la línea económica y la democratización del Estado".PublicidadHay que pasar a la ofensiva, exhortan al resto de izquierdas. Y no solo para esquivar las "trampas" del sistema electoral, sino, sobre todo, para dar paso —después de una década de disputas internas— a un espacio "estable", "democrático" —con un sistema de primarias para elaborar listas o resolver conflictos— y, lo más importante, con un programa compartido. "Porque no vamos a construir un sujeto común con fuerzas que tienen ideas del Estado diferentes de las nuestras", reconocen en el documento, poniendo en duda el mantra de la unidad por la unidad. "Pero sí podemos construir un programa común y una alianza coyuntural", completan, a renglón seguido. A través del "reconocimiento mutuo" y del abandono del dogmatismo.