Tres años después de irrumpir como el proyecto llamado a reorganizar la izquierda a la izquierda del PSOE y convertirse en la cuarta fuerza del Congreso con 31 diputados, Movimiento Sumar afronta este sábado la asamblea más decisiva de su todavía corta trayectoria. La tercera en apenas tres años de vida y a la que llega muy lejos del impulso con el que debutó, bajo la batuta de Yolanda Díaz, en las elecciones generales de 2023. Un periodo en el que ha acumulado sucesivas crisis internas que han puesto a prueba a una organización con el liderazgo en reconstrucción.La cita va a servir para ratificar una dirección de consenso encabezada por la portavoz parlamentaria en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, y la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez. No ha habido competición interna. La candidatura única, de hecho, llega respaldada por cerca de 500 avales —una cifra récord para la organización— y será sometida al voto de algo más de 300 delegados. El objetivo no es tanto resolver una pugna orgánica como ordenar un proyecto que ha vivido prácticamente en estado de transición desde su nacimiento y prepararlo para el próximo ciclo electoral.Verónica Martínez Barbero (i) y Rosa Martínez (d) serán las nuevas cocoordinadoras generales de Movimiento SumarDani DuchLa asamblea llega, de hecho, con casi todos los grandes debates encauzados de antemano. Lista única, documentos políticos respaldados prácticamente por unanimidad y un programa concentrado en una sola jornada. En la formación admiten que el propósito es «pasar página», «cerrar heridas» y «poner orden en la casa» en torno al nuevo proyecto. Con el argumento de que buena parte de las discusiones ya se han producido durante el proceso previo, Movimiento Sumar ha optado, además, por celebrar prácticamente a puerta cerrada un cónclave al que la prensa apenas ha tenido acceso más allá de los prolegómenos y del acto final. Una forma de encapsular el poco debate pendiente y proteger de nuevas turbulencias a un proyecto cuyo estado de salud sigue siendo precario. Una decisión que, no obstante, ha generado controversia dentro del propio espacio.Lee tambiénPorque si Sumar fue determinante para revalidar el Gobierno de coalición en julio de 2023, Movimiento Sumar nunca ha terminado de consolidarse como partido. La organización nació como el instrumento político de Yolanda Díaz para cohesionar a una constelación de fuerzas de la izquierda alternativa, pero quedó subordinada a su papel de paraguas del conjunto del espacio. Ahora pretende abandonar esa función para convertirse en una organización con identidad propia dentro de la coalición. Ese es el principal viraje político de la nueva etapa.La mutación no implica, sin embargo, una ruptura con la estrategia de alianzas. Martínez Barbero y Martínez han insistido al inicio de la asamblea en que Movimiento Sumar no partirá de «vetos» ante futuras coaliciones electorales y han reivindicado la capacidad de la organización para actuar como «pegamento» entre las distintas tradiciones de la izquierda.El equilibrio entre dejar de ser el paraguas del espacio sin abandonar la tarea de coserlo no será sencillo. Pero existe una incógnita todavía mayor: qué lugar ocupará un Movimiento Sumar menguado en la reconfiguración de la izquierda alternativa, para la que IU, Más Madrid y los Comuns trabajan en una alianza estable de cara al próximo ciclo electoral, todavía sin marca ni candidato definidos.Movimiento Sumar afronta esa negociación desde una posición muy distinta a la de 2023. Yolanda Díaz no solo se ha desvinculado por completo de la dirección orgánica del partido que fundó, sino que también se ha apartado de las conversaciones para reordenar el espacio. Una retirada que ha privado a la formación del liderazgo que le permitió ocupar una posición preeminente en la anterior configuración y que ahora debilita su peso frente al resto de actores de la alianza. La paradoja es evidente: justo cuando aspira a ganar identidad propia, deberá encontrar su sitio en un espacio en el que puede disponer de menos peso.En ese nuevo tablero, Ernest Urtasun seguirá teniendo un papel relevante. El ministro de Cultura es el único miembro del Gobierno que permanecerá en la dirección de Movimiento Sumar y uno de los pocos puentes entre el nuevo equipo y el poder institucional acumulado por la formación durante la legislatura. Aunque las nuevas coordinadoras se resisten a dar por clausurado el liderazgo político de la fundadora -”Yolanda Díaz es el referente de Movimiento Sumar y de la izquierda de este país”, ha reivindicado Martínez Barbero- el partido ya sabe que deberá aprender a caminar sin ella.Para hacerlo, Movimiento Sumar quiere dotarse de un marco ideológico propio, bautizado como «laborismo ecosocialista», que pivote sobre los derechos laborales, la transición ecológica y el refuerzo del Estado del bienestar. Una agenda con la que pretende marcar distancias con el PSOE desde el propio Ejecutivo y recuperar visibilidad electoral. Porque la nueva dirección ha fijado una meta inequívoca: «revalidar el Gobierno de coalición progresista». «Es importante estar en el Gobierno, pero hay que avanzar en derechos», ha resumido Rosa Martínez, que ha exhibido las reformas de dependencia y discapacidad como ejemplo de la utilidad de la formación.Llegar con vida a las próximas generales pasa, por tanto, por rentabilizar la acción del Gobierno y recuperar un espacio político propio. Pero el desafío va mucho más allá del programa. Movimiento Sumar afronta esta etapa diezmado por la pérdida de cuadros como Txema Guijarro, Joaquín Pérez Rey o Amparo Marino y con unas tensiones internas que todavía no han desaparecido.Ese crecimiento fuera de la gestión como socio de Gobierno constituye otra de las grandes asignaturas pendientes. Movimiento Sumar quiere dejar de ser una organización eminentemente institucional para convertirse en un partido con arraigo territorial antes del próximo ciclo autonómico y municipal. La creación de un Consejo de Coordinación Territorial y la puesta en marcha de un espacio juvenil propio, con presencia en los órganos de dirección, forman parte de ese intento por reforzar una estructura que hasta ahora ha demostrado escasa implantación en buena parte del país. “Queremos cobrar una mayor implantación territorial”, ha reconocido Martínez Barbero, situando este objetivo entre las prioridades de la nueva etapa.Tensiones territoriales con la denuncia del sector valencianoLa mayoría de la dirección del partido en el País Valencià no ha participado en la asamblea y ha acusado a la dirección estatal de ignorar una denuncia interna por acoso presentada por la cocoordinadora autonómica, Carmen Padilla, contra Roberto Buitrago, integrante de la candidatura estatal. Una ausencia significativa que ha contrastado con la imagen de cohesión que las nuevas líderes han tratado de proyectar durante la jornada.A ello se suma la gran asignatura pendiente de la implantación territorial. Movimiento Sumar quiere dejar de ser una organización eminentemente institucional y ganar arraigo fuera de Madrid antes del próximo ciclo electoral. Para ello, la asamblea prevé impulsar un Consejo de Coordinación Territorial y un espacio juvenil propio. «Queremos cobrar una mayor implantación territorial», ha reconocido Martínez Barbero.Los resultados explican la urgencia. Tras las generales de 2023, Sumar se quedó sin representación en Galicia, obtuvo un único escaño en Euskadi —que recayó en Ezker Anitza-IU— y ha repetido un resultado similar en Aragón. En las europeas logró tres eurodiputados, de los que solo Estrella Galán correspondió a Movimiento Sumar. A esa sucesión de reveses se sumó la dimisión de Íñigo Errejón como portavoz parlamentario tras las acusaciones de agresión sexual, una sacudida que dañó a un espacio que había hecho del feminismo una de sus principales señas de identidad.Verónica Martínez Barbero (i) y Rosa Martínez (d) lideran la única candidatura a la dirección de Movimiento Sumar Olmo Calvo / Movimiento SumarPese al desgaste, en Movimiento Sumar rechazan asumir una lógica de repliegue. La dirección reivindica que la asamblea culmina varios meses de debate interno, con más de una veintena de encuentros territoriales y sectoriales y unos documentos aprobados con un respaldo casi unánime, como prueba de que la organización ha logrado rebajar la tensión de los últimos meses y afrontar esta nueva etapa con una mayor cohesión.La asamblea no resolverá por sí sola los problemas acumulados durante estos tres años. Pero sí pretende cerrar la etapa marcada por la construcción acelerada del proyecto para abrir otra centrada en su consolidación. El reto será demostrar que Movimiento Sumar puede convertirse en un partido reconocible, con implantación propia y capacidad para marcar perfil desde el Gobierno sin depender exclusivamente del liderazgo de Yolanda Díaz. De esa capacidad dependerá buena parte de sus opciones de llegar con fuerza al próximo ciclo electoral.Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro