François Jozic es desde el pasado mes de octubre el nuevo director del Sónar, la gran cita de música electrónica de Barcelona. Ante sí tiene el nada desdeñable reto de mantener el nivel y personalidad de un festival que siempre fue de autor. Los tres directores que llevaron la cita a lo más alto, Enric Palau, Ricard Robles y Sergio Caballero, se desvincularon de Sónar tras la accidentada edición de 2025: medio centenar de artistas y colectivos cancelaran su presencia por la relación del festival con el fondo proisraelí KKR. Nacido en Lieja (Bélgica) hace 53 años, Jozic es cordial, se explica con un entusiasmo no alocado y viste de discreto negro o azul marino. Es consciente de que acepta el desafío en un momento de cambio del Sónar; además, tendrá que dirigir paralelamente el Brunch Electronik Festival, que genera suspicacias ante una hipotética comercialización hedonista de esta cita. Aún con todo se siente arropado por un equipo que en buena medida se mantiene y de la buena relación y complicidad con los creadores del festival que ahora él capitanea y se celebra del 18 al 20 de junio.Pregunta. La última edición del Sónar fue la más controvertida, en este hay cambios sustanciales de configuración. ¿Por qué acepta este reto?Respuesta. Es un festival que he vivido de cerca muchos años, le tengo mucho cariño, lo conozco por dentro y es un referente internacional. Recibo un legado y dirigirlo me da mucho respeto, pero también es un reto. El Sónar es innovación, creatividad, tecnología y hay que bajar este eslogan a la realidad. Yo creo que Sónar ha sido durante muchos años muy innovador y creativo e igual unos cambios eran también necesarios, así que lo veo como una oportunidad aceptando que se trata de un contexto complicado.P. El tema de los fondos de inversión con intereses en Israel no restó público al festival, pero quizás sí prestigio en la comunidad artística. ¿Cómo cree que afectará a esta edición?R. El tema se está diluyendo, pero no porque la situación en Oriente Próximo haya cambiado, que no lo ha hecho, sino porque todo el mundo ha tenido tiempo para contextualizar. Hubo cancelaciones por ideología, otras por miedo a la opinión pública, a exponerse por no cancelar y también hubo un efecto dominó que afectó al cartel. Pasado el tiempo, y luego de explicarnos como festival en estos meses, los artistas han visto que los valores del Sónar no están alineados con el genocidio, que el festival mantiene ideas opuestas a él y que finalmente ausentarse de un cartel quizás no solucione nada.P. ¿Cree que la gestión que se hizo de la crisis fue la más adecuada?R. No, no lo fue. Yo creo que había que posicionarse de manera muchísimo más firme en contra del genocidio, de entrada calificándolo así. Se intentó ser demasiado políticamente correcto con todo el mundo, y cuando digo con todo el mundo hablo a nivel corporativo, de público y de equipos y todo fue resultado de buscar un consenso que produjo comunicados tibios. Había que tomar una decisión muchísimo más clara porque creo que cuando se daban cuenta de ello siempre era demasiado tarde y los hechos iban por delante de las declaraciones. Es muy comprensible, a todos nos pilló por sorpresa, fue algo inédito. Este año todo el mundo ha tenido tiempo para pensar.P. ¿Y si a pesar de ello se reitera la campaña de boicot?R. Pues mi postura es que sería legítimo y no puedo juzgarlo, tampoco la ética de los demás. Obviamente condeno lo que está pasando en Oriente Próximo, puedo entender que queramos hacer algo al respecto, pero no puedo apoyar el hecho de que la solución sea boicotear a la cultura a través de un festival como Sónar. Nosotros seguiremos con nuestros valores y que cada cual tome sus decisiones.P. El otro gran tema de la edición es la unificación día y noche. ¿No es un hándicap tremendo?R. La idea inicial de los fundadores era mantener día y noche segmentados en Hospitalet, partiendo en dos el recinto. Eso no lo vi nada claro, ni por temas artísticos ni por económicos, ya que había que duplicar costes. No creo que funcionase ofrecer dos experiencias diferentes solo con atravesar un muro, no hay magia. Por eso optamos por unificar día y noche y que el público escoja su itinerario sabiendo que puede entrar y salir, que dispondrá de zonas muy amplias de descanso y que podrá entrar comida. Además reforzaremos el servicio de lanzaderas nocturnas.P. Su aspiración es que el Día vuelva a Barcelona.R. Me gustaría, pero no hay disponibilidad de espacios, la ciudad está muy ocupada y los vecinos no quieren molestias. Veremos. Me doy un plazo de un par de años para ver cómo evolucionan las cosas.P. Ya sabemos que la Fira de Hospitalet de Llobregat no está lejos, pero la vinculación con Barcelona ha sido troncal en el Sónar.R. En principio el Sónar + D se iba a hacer en Fira Hospitalet y decidimos llevarlo a la Llotja de Mar para mantener el festival en Barcelona. Tenemos más actividades, como el Sónar Kids, que recuperamos, y los actos del Sónar District. Incluso hemos pensado hacer más actividades en Fórum, aunque es complicado porque por esas fechas está desmontando el Primavera. Sé que no es la vinculación que había, pero es más que nada. Hay que ir viendo cómo funciona esta edición, es un primer año de cambios.P. Su idea de Sónar parece en términos artísticos continuista. ¿Dónde hay que buscar su sello?R. Sin dejar de lado la música hay mucho terreno por explorar y especialmente mucho margen de crecimiento en el arte digital, en la cultura digital, en lo inmersivo. Trabajaremos en esa línea, que perfectamente puede celebrarse en la ciudad. Por lo parte musical, en esta edición nos ha ayudado mucho Enric Palau y buena parte de la programación estaba cerrada. La próxima será la primera edición bajo nuestra responsabilidad. Creo que será el momento de juzgarnos. Aunque seguiremos pidiendo opinión a Enric. Tengo una excelente relación con los tres creadores del festival.P. La línea gráfica no ha ofrecido ni sorpresas ni vértigo, ¿no podía haberla seguido haciendo Sergi Caballero?R. Una campaña empieza en octubre pero dura todo el año hasta el festival y Sergi tenía claro que no tenía sentido iniciarla y no acabarla. Él participó en la selección del equipo creativo que ha hecho la imagen de este año para asegurarse una cierta continuidad. Para mí lo que distingue a Sergi es su punto disruptivo e incómodo, aquella sensación de no saber si te gustaba o no lo que veías, incluso ignorar si lo entendías. Ya estamos trabajando para que la campaña del año que viene recoja este espíritu rompedor y no solo sea estética. Soy consciente de que la de este año es continuista.P. ¿Se siente observado? R. Sí, sí, estoy observado, por muchas razones, y lo entiendo. Uno: soy belga y Sónar es de Barcelona, es Barcelona. Dos: sus fundadores son carismáticos y están asociados al festival. Tres: me observan porque pese a que no es decisión mía el Día y la Noche no serán como hasta ahora. Cuatro: hay presunción de que convertiré el Sónar en un Brunch Eletronik y que se haga más hedonista, lo que sería una tontería, pues para eso haría más grande el Brunch y no necesitaría el Sónar.P. ¿Cómo está respondiendo el público?R. El internacional ya ha respondido, lo hace con más antelación pues ha de reservar transporte y hoteles, y estará en los términos del año pasado en cantidad y porcentaje, más o menos un 32%. El local, que representará un 65% ya responde, es de último minuto, y las perspectivas son buenas. Y creo que se rejuvenecerá, lo cual es muy positivo para que la renovación exista.P. ¿Las residencias de artistas en una ciudad, como hará Shakira en Madrid, pueden acabar con las giras?, ¿suponen una competencia para los festivales?R. Hay que ver. Desde luego se trata de obtener mucho beneficio en menos tiempo y las palomitas estarán a 19 euros, exagero. Hay ventajas de producción y logísticas para los promotores, pero introducirán una segmentación económica, ya que no todos pueden pagarse un viaje, hospedaje y los gastos del concierto. Es una experiencia cara. Yo creo que si los festivales son fieles a su ADN tendrán su espacio, competiremos en comodidad, precio y narrativa musical.