Barcelona (EFE).- La 33.ª edición del Festival Sónar, que comienza mañana jueves, abre una nueva era de este certamen, mascarón de proa de la modernidad electrónica y cultural barcelonesa durante tres décadas, que, más allá de las estrellas del cartel de este año —The Prodigy, Skepta o Charlotte de Witte—, se enfrenta al reto de fijar su rumbo.

Sónar 2026 viene marcado por la marcha hace unos meses de su equipo creador —los pioneros Enric Les Palau, Sergi Caballero y Ricard Robles— y después de la polémica por el boicot de decenas de artistas en la edición de 2025, ante las inversiones en territorios palestinos ocupados por Israel del fondo KKR, propietarios de la promotora Superstruct Entertainment y a su vez del festival.

El nuevo equipo, con su director a la cabeza, el belga François Jozic (que dirige también la cita del Brunch Electronik), ha tenido que abordar esta edición, que se celebra del 18 al 20 de junio, con una serie de cambios importantes marcados por temas logísticos y de ubicación, que han alejado al Sónar del centro de la ciudad.

Actuaciones en un único espacio

Por primera vez desde su creación, el festival ha reunificado sus actuaciones musicales en un único espacio (ya no habrá un Sónar día y un Sónar noche, una de las insignias características del certamen) y todas se desarrollarán en el recinto de Fira Gran Vía L’Hospitalet en una sesión continua.