No se han pronunciado las palabras KKR ni Superstruct Entertainment, pero la influencia y consecuencias de que el grupo de inversión estadounidense con intereses en Palestina comprase al propietario del Sónar en 2024 ha dominado un debate de más de dos horas en el arranque matinal del viernes, segunda jornada del festival. Medio centenar de personas han asistido al foro El papel de la cultura en el contexto global cultural, un debate en el SonarÀgora con siete ponentes y con la participación abierta del público para abrir el melón que acompaña a todas las conversaciones sobre la edición de este año: ¿Qué pasa cuando un fondo de inversión compra festivales culturales? ¿Puede la cultura parar un genocidio? ¿De qué manera la cultura debe habitar el horror? ¿Pueden seguir operando con libertad los macrofestivales en este nuevo escenario de inversiones de impacto? ¿Un sistema cultural real con derechos culturales institucionalizados evitaría estas financiaciones y escenarios?
Conducido por la socióloga Liliana Arroyo y el periodista mexicano Victor Beltri, sobre el escenario, distintas voces para aportar todos los prismas posibles. El periodista, ensayista y gestor Rafel Vilasanjuan, que también fue secretario general de Médicos sin Fronteras, ha aportado su experiencia en las zonas de conflicto. “La cultura puede salvar unas vidas, pero no puede salvar una guerra. Los humanitarios tampoco las paran, pero la cultura tiene una misión que va de lo local hasta lo global”, ha dicho. El autor de Las fronteras de Ulises. El viaje de los refugiados a Europa (Debate, 2021) ha destacado que actualmente hay 50 conflictos armados en el mundo, ha recordado que “la brutalidad en la franja de Gaza la hemos construido todos nosotros” y ha defendido que “un festival, como ninguna sentencia de ningún tribunal penal internacional, ha frenado un genocidio, pero la cultura puede mostrar lo que está pasando”.






