La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, insistió el jueves que la subida de los tipos de interés no implica el inicio de un ciclo alcista para los próximos meses. Sin embargo, al mismo tiempo, reconocía que el escenario económico se está deteriorando, en especial en la inflación, y que los riesgos se acumulan al alza. El escenario es negativo, pero podría empeorar. El BCE cree que la inflación todavía no ha tocado techo. En mayo, el IPC europeo alcanzó el 3,2% y el español habría llegado hasta el 4,5% si el Gobierno no hubiera aprobado los recortes de impuestos. Sin embargo, a lo largo del verano seguirá subiendo hasta marcar una media del 3,5% durante la segunda mitad del año. La prolongación de la guerra es una amenaza para la inflación y, a cada día que pasa, sus efectos se multiplican. Y ahora vuelve a estar en plena escalada. Hace sólo tres meses, el BCE pensaba que la inflación bajaría durante el verano hasta el 2,7% y que se reduciría hasta el 2,5% en el último trimestre. Ahora, por el contrario, prevé que va a ser un punto más alta. Este cambio en las previsiones de inflación ha obligado al BCE a realizar una primera subida de los tipos de interés, pero podría no ser la última. La próxima reunión de la entidad se celebrará el próximo 23 de julio y, según sus previsiones, la inflación llegará a ese momento en plena fase de aceleración, presionando a la entidad para realizar una nueva subida de tipos. Opinión TE PUEDE INTERESAR Vuelve la inflación Ignacio de la Torre El motivo es que las empresas irán trasladando el aumento de sus costes de producción a los precios finales. Esto es, repercutirán la subida de los productos intermedios, en especial de la energía, a sus consumidores. El BCE piensa que la inflación pasará de ser energética a extenderse a todos los bienes y servicios que consumen los hogares, en especial, a los alimentos, golpeando así a todos los consumidores. Si se excluye la energía, la inflación antes del inicio de la guerra en Oriente Medio había bajado por debajo del 2%. Sin embargo, en el segundo trimestre del año está ya cerca del 2,3% y el BCE calcula que seguirá subiendo hasta el 2,5% durante el verano. La inflación de la energía alcanzará su máximo durante el verano, alcanzando el 12,5%, pero empezará a reducirse hacia el final del año. En ese momento, la inflación subyacente y, sobre todo, de los alimentos, tomará el relevo. Esto significa que el ciclo de la inflación ya está en marcha. Aunque los precios de la energía empiecen a bajar, las empresas todavía tendrán costes que repercutir a sus clientes. El escenario central del BCE contempla que la inflación de los alimentos empezará a subir a partir del verano. Pasará del 2,4% actual a superar el 3,5% en el inicio del año. Un nuevo golpe para las familias, en especial las más humildes, que son las que dedican mayor porcentaje de su renta a comprar alimentos. Frenazo a los salarios Lagarde explicó que el BCE ya está viendo efectos indirectos de la crisis energética en la inflación, pero no efectos de segunda ronda. Esto es, todavía no se están produciendo subidas salariales para compensar la pérdida de poder adquisitivo que incentiven a su vez nuevas subidas de precios. Pero este escenario va ganando fuerza a medida que la crisis energética se prolonga. Este salto inflacionista se comerá toda la subida salarial negociada para este año. El BCE calcula que el salario medio nominal subirá un 3,2% este año, pero que se quedará en el 0,1% descontada la inflación. Y la renta disponible real de los hogares apenas aumentará un 0,3% este año. En definitiva, cifras que indican un estancamiento de la capacidad de compra de los hogares y con una buena parte de las familias perdiendo poder adquisitivo. Los hogares tendrán que reducir su tasa de ahorro si quieren seguir elevando su nivel de consumo. El BCE tiene claro que no quiere arriesgarse a que la inflación se descontrole. Sobre todo, si las subidas de precios se generalizan a todos los bienes y servicios. En la crisis energética de 2022 tardó un año en reaccionar y esta vez no quiere repetirlo. Esto aumenta las probabilidades de que vuelva a subir los tipos de interés en los próximos meses. Los mercados descuentan que el siguiente incremento no será en la reunión de julio, sino en la de septiembre. En ese momento, el BCE habrá recibido los datos de inflación del mes de agosto, que serán peores que los actuales. Tendrá así un motivo más para prolongar la senda de subida de tipos. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, insistió el jueves que la subida de los tipos de interés no implica el inicio de un ciclo alcista para los próximos meses. Sin embargo, al mismo tiempo, reconocía que el escenario económico se está deteriorando, en especial en la inflación, y que los riesgos se acumulan al alza. El escenario es negativo, pero podría empeorar.
El BCE cree que la inflación seguirá subiendo en el verano y se extenderá a toda la cesta de la compra
El eurobanco asume que vienen meses complicados para la inflación, que escalará hasta el 3,5% en la segunda mitad del año, presionando para nuevas subidas los tipos
El BCE revisa inflación del verano al alza a 3,5% (vs 2,7% previsto): pasará de energética a generalizada (alimentos, consumo) por presión en costos empresariales. Directivos tech: presión salarial inmediata (real +0,1% en 2026), caída poder adquisitivo, alzas tasas Q3 – presión en capex e hiring empresarial.













