Nicolás Copérnico, afamado astrónomo polaco que puso fin al sistema geocéntrico de Ptolomeo, también emitió opiniones económicas como esta: "Muchos son los desastres que normalmente llevan a la decadencia de reinos, principados y repúblicas; los cuatro más temidos son la guerra, las enfermedades, el hambre y la inflación. Casi nadie ignora la evidencia de los tres primeros, pero muy pocos advierten la relevancia del cuarto, porque no opera como un golpe súbito, sino mediante un poder constante y oculto que poco a poco acaba minando al Estado". Anteayer conocimos que la inflación de EEUU se disparó en mayo hasta la friolera del 4,2%, frente al 3,8% del mes anterior y a niveles cercanos al 2,4% de antes de la guerra con Irán. La inflación subyacente, por su parte, se situó en el 2,9%, reflejo de cómo el shock de precios de la energía y los alimentos se va trasladando progresivamente al conjunto de la cesta de bienes y servicios. Así, por ejemplo, un aumento del precio de la energía encarece el coste de climatización de los hoteles, lo que acaba trasladándose al precio de las habitaciones. Si nos atenemos a la medida de inflación favorita de la Fed, el PCE, la inflación en abril asciende ya al 3,8%, con la subyacente al 3,3%. El objetivo de la Fed es mantener un nivel de precios subyacente que crezca de media un 2%. Pues bien, la autoridad monetaria estadounidense acumula ya sesenta meses sin alcanzar esa meta, fallo que se podría mitigar subiendo tipos, a pesar de las reiteradas presiones presidenciales pidiendo lo contrario, mientras la propia Casa Blanca lleva a cabo políticas inflacionistas, a saber: a) iniciar una crisis energética con un ataque a Irán que ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz; b) expulsar inmigrantes y restringir la entrada de nuevos trabajadores extranjeros, lo que acelera los salarios, algo que a su vez genera inflación, especialmente en el sector servicios (inflación de servicios al 4%); c) aumentar el déficit fiscal al desbocado nivel del 7% del PIB (predicciones del FMI) mientras se imponen aranceles, lo que encarece el precio de los bienes importados (los precios de los bienes suben un 4,4%); y d) desregular al máximo la inteligencia artificial, lo que podría estar provocando un exceso de inversión de forma que la IA no genera desinflación como le gustaría al nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, sino inflación, a medida que se disparan las inversiones en tecnología (los ordenadores, por ejemplo, suben un 12%). Las señales de alarma en materia de inflación aparecen por doquier. Las expectativas de inflación de los norteamericanos a un año han subido al 4,8% (Universidad de Michigan), lo que a su vez puede acelerar la tensión salarial. La inflación es hoy la mayor preocupación de las pymes de EEUU, según datos del NFIB publicados esta semana. Las empresas estadounidenses que participan en las encuestas ISM reportan niveles de precios pagados mensualmente muy elevados. En un indicador en el que 50 marca la neutralidad, los niveles de precios pagados se sitúan ahora entre 71 (sector servicios) y 82 (sector industrial), lo que augura más tensión de precios a futuro. Si nos fijamos en la inflación de precios fabriles (Producer Price Index), esta ronda ya el 6%, una cota similar a la registrada en Japón (6%) y China (5%). Como sabemos, estas tendencias también han llegado a Europa, con inflaciones de mayo al 3,2%, subyacente al 2,5% (en España 3,2% y 2,9% respectivamente) y expectativas de inflación del consumidor europeo a un año al 4%. A medida que las acusadas subidas del precio de la energía se vayan repercutiendo a los consumidores europeos, la inflación general y la subyacente tenderán a subir. La otra importante implicación es que cuando la inflación supera el crecimiento salarial, cae el poder de compra de los consumidores, algo que ya está ocurriendo en EEUU y en Europa, y que mina irremediablemente el crecimiento. Opinión TE PUEDE INTERESAR Donald Trump y la inflación José Carlos Díez La situación no es tan alarmante como en 2022, pero los errores entonces cometidos llevarán a los responsables de la política monetaria a no ser tan contemplativos esta vez. Paradójicamente, la inflación ayudará a los gobiernos sobreendeudados a deflactar el nivel de la deuda pública, medido como cociente del PIB nominal y que, por lo tanto, incluye inflación. Quizás por eso Ernest Hemingway, siguiendo la tradición de Copérnico, afirmó: "La gran panacea de una nación mal gestionada es la inflación, la segunda es la guerra. Ambas pueden generar una prosperidad temporal y ambas una ruina permanente. Ambas son el refugio de oportunistas políticos y económicos". La gran incógnita es cuánto de esta inflación será coyuntural y cuánto estructural, en un mundo cada vez más oportunista, proteccionista, bélico y populista. Nicolás Copérnico, afamado astrónomo polaco que puso fin al sistema geocéntrico de Ptolomeo, también emitió opiniones económicas como esta: "Muchos son los desastres que normalmente llevan a la decadencia de reinos, principados y repúblicas; los cuatro más temidos son la guerra, las enfermedades, el hambre y la inflación. Casi nadie ignora la evidencia de los tres primeros, pero muy pocos advierten la relevancia del cuarto, porque no opera como un golpe súbito, sino mediante un poder constante y oculto que poco a poco acaba minando al Estado".
Vuelve la inflación
La inflación se acelera desde el cierre del estrecho de Ormuz, tanto en EEUU como en Europa. Sin embargo, existen otras causas subyacentes que explican por qué los bancos centrales están siendo incapaces de alcanzar sus objetivos de inflación
Inflación USA alcanza 4,2%; inversión AI acelerada impulsa hardware (+12%) sin deflación compensatoria, Fed acumula 60 meses sin alcanzar 2%. Para CTOs: presupuestos IT bajo erosión estructural (servicios +4%, salarios +4,8%); realineación capex necesaria.















