En la fábula de Esopo, una zorra hambrienta merodea una parra. Querría hincarle el diente a un racimo de uvas, pero están demasiado lejos; fuera de su alcance. Cansada de intentarlo, la zorra cambia de opinión: “Puagh, seguro que están avinagradas”. Y se marcha.
¿No nos pasa a las sociedades occidentales algo así como a esa zorra? A falta de un futuro que podamos imaginar a nuestro alcance, nos hemos convencido de que el que vendrá se ha puesto malo y no merece la pena ni salir a buscarlo.









