La Biblioteca de Alejandría no debería interesarnos solo por lo que ardió, sino por las condiciones que hicieron que esa pérdida dejara de importar. Una cultura no se destruye únicamente con fuego: también se vacía cuando las instituciones que deberían custodiar el conocimiento empiezan a tratarlo como un estorbo. Cuando el profesorado sostiene huelgas indefinidas, cuando se banalizan las condiciones materiales de los centros o cuando el calor en clase se despacha con una broma sobre camisetas de manga corta, no hablamos de anécdotas. Hablamos de una pérdida de respeto hacia la educación como institución cultural. La escuela no es un aparcamiento de adolescentes ni una oficina de gestión de molestias. Es uno de los pocos lugares donde una sociedad decide si todavía merece la pena leer, pensar, discutir con rigor y transmitir algo más que consignas. No hace falta quemar libros para empobrecer un país. Basta con deteriorar la escuela, desprestigiar el conocimiento y acostumbrarnos a llamar exageración a cualquier defensa seria de la cultura. Alejandría no se pierde solo cuando arde. También se pierde cuando dejamos de creer que había algo que salvar. María Jesús Caballer. Suances (Cantabria)Normalizar la barbarieCada día resulta mas frustrante leer las noticias sobre Palestina sin sentir indignación. No soy experto en geopolítica, soy simplemente un estudiante de periodismo que ve cómo miles de civiles, entre ellos niños y bebés, mueren, son desplazados o sobreviven en condiciones insoportables, y que cualquiera de esas personas podríamos ser nosotros. ¿Por qué hemos normalizado esta barbarie? La respuesta israelí hace tiempo que ha cruzado cualquier límite moral aceptable. Ahora bien, me pregunto yo: ¿hay alguien al volante de los organismos que deben de velar por los derechos humanos? De EE UU ya no nos podemos esperar nada, pero ¿y de la Unión Europea? ¿Y de la ONU? Hay una periodista palestina, Plestia Alaqad, que se preguntaba: si grito mas fuerte que nos están matando, ¿nos escuchará el mundo? No hemos estado a la altura, y la historia nos juzgará por ello.Gonzalo Ruiz Parrado. Castilleja de Guzmán (Sevilla)Una penaMás allá de si debía haber sido invitado al Congreso o no, León XIV, encarnando las paradojas fundamentales del cristianismo —que, como dice Chesterton, no nacen de un contorsionismo ideológico, sino de la propia naturaleza contradictoria del ser humano—, ha puesto de manifiesto que nuestra clase política no está a la altura. Obligados a cabalgar sus propias contradicciones, aleccionados por Prevost a la búsqueda del consenso y el bien común por encima de intereses particulares, les faltó tiempo para recortar el discurso del Pontífice a su medida y utilizarlo como arma arrojadiza frente al otro. Nuestros dirigentes, por desgracia, no han sabido surfear las formas gaudinianas, sin aristas, de la transversalidad del mensaje que el papa León XIV les ha lanzado. Han mostrado que su ideología pesa más que su humanidad, y que el Congreso de los Diputados ya no es un lugar de propuesta y escucha, sino de dinámicas de poder y confrontación. Y eso, sinceramente, es una pena.José Serrano Lozano. Salamanca
No hace falta quemar Alejandría
Los lectores y las lectoras escriben sobre la pérdida de respeto hacia la educación, la situación en Gaza, y la polarización política








