Los líderes europeos manejan un debate delicado respecto al fortalecimiento de sus fuerzas armadas. ¿Debe Europa priorizar la velocidad y fiabilidad de sus proveedores militares habituales, es decir, fundamentalmente EEUU? ¿O deben aprovechar la situación, tanto la guerra de Rusia contra Ucrania como la presión de la administración estadounidense dentro de la OTAN para aumentar el gasto en defensa, para tratar de reforzar su propia industria? Si EEUU es sincero en su petición de que Europa sea capaz de defenderse sola, ¿no incluye eso la producción militar? Estas cuestiones atraviesan todas las negociaciones relacionadas con el gasto en defensa en Bruselas, donde la UE está aumentando la cantidad de fondos que destina a esta cuestión. Por lo pronto, con la emisión de bonos comunes para un programa de 150.000 millones de euros de créditos ventajosos para gasto en defensa, el conocido SAFE, incluye requisitos de que una mayoría del gasto vaya destinado a empresas radicadas en la Unión Europea, como ocurre también con otro de los programas militares de la Unión, el EDIP. Que sigue habiendo mucha resistencia en algunas capitales se puede comprobar en el encarnizado debate que hay alrededor de qué significa exactamente "hecho en Europa". ¿Por qué no incluir en esa etiqueta a países considerados como alineados? Alemania planteó incluso otra propuesta, ¿por qué no modificar esa etiqueta por sencillamente "hecho con Europa", es decir, en cooperación? Los programas que hay ya en pie incluyen criterios que permiten considerar como europeo el material de algunos países terceros en un intento por mantener el equilibrio entre las dos visiones de la industria de la defensa. Los ciudadanos encuestados por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), tienen clara su prioridad: se muestran masivamente a favor de comprar más armamento europeo que de fuera del continente, siendo la única excepción Italia. Dinamarca, un histórico aliado cercano de EEUU y dependiente de su industria militar, es donde los encuestados se muestran más convencidos de la necesidad de adquirir equipamiento "hecho en Europa". De hecho, el Gobierno danés, que se ha enfrentado a las amenazas de la administración de Donald Trump, interesada en adquirir Groenlandia, ya está aplicando esta nueva lógica. Cuando en 2025 el Gobierno danés lanzó su mayor compra de armamento apostó por el sistema europeo antiaéreo SAMP/T NG con un coste de 58.000 millones de coronas, en vez de comprar armamento americano. Polonia, un socio mucho más expuesto a Rusia y que prioriza unas mejores relaciones con EEUU, sí ha seguido adquiriendo mucho material de la industria americana. Desconfianza y fe La encuesta recoge un incremento sustancial de la desconfianza en EEUU y en la voluntad americana de proteger a los europeos ante una agresión militar, después de meses en los que el presidente estadounidense ha minado la credibilidad del artículo 5, la cláusula de defensa colectiva de la OTAN, y ha llegado a plantear la posibilidad de sacar a su país de la Alianza Atlántica. La encuesta muestra que en ningún Estado miembro hay una mayoría de ciudadanos que confíen en que EEUU acudiría a su ayuda en caso de agresión, ni siquiera en Polonia. La encuesta también refleja la creciente tensión entre Madrid y Washington que se viene acumulando desde antes de la cumbre de La Haya, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez se salió del guión marcado por el secretario general de la OTAN y por la Casa Blanca al mostrarse contrario al aumento del objetivo de gasto hasta el 5% del PIB y que ha alcanzado nuevos niveles ante la negativa española a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en las operaciones contra Irán en 2026. Así, los españoles son los que más contestan que no confían en que el ejército americano asista a España en caso de una agresión militar. Hay una mayor confianza en la solidaridad entre Estados miembros europeos. Daneses, suecos y holandeses se muestran bastante confiados en que otros socios europeos acudirían en su ayuda en caso de ser atacados, siendo Bulgaria el único país en el que los encuestados no confían en la ayuda europea. El otro país menos confiado, a pesar de que la media de las respuestas es positiva, es Polonia, dejándose notar las razones históricas en las que descansa la relativa desconfianza polaca en una arquitectura de seguridad y defensa completamente europea. Opinión TE PUEDE INTERESAR Ucrania lo ha cambiado todo Rafael Dezcallar La encuesta de ECFR arroja también otro claro resultado: a pesar de que los europeos no confían en que EEUU vaya a cumplir con su rol como garante de la seguridad del espacio euroatlántico, no ven una alternativa real a la Alianza Atlántica, que descansa precisamente en ese papel central de Washington. Solamente en algunos países de Europa occidental, menos expuestos a la amenaza rusa, hay un ligero apoyo a la idea. ¿Cómo se explica? Hay dos razones de fondo. La primera es que la encuesta parece mostrar, aunque no se pregunta directamente, que de forma efectiva los ciudadanos respaldan una OTAN más europea, no una alternativa europea a la OTAN. Quieren más armamento europeo, confían más en sus vecinos que en EEUU, pero no buscan una estructura alternativa. La buena noticia para la organización dirigida por el secretario general Mark Rutte es que esa es la dirección que ya ha puesto la alianza militar: un rol mucho más destacado para los aliados europeos, encargados de la seguridad convencional del continente, mientras EEUU mantiene su paraguas de disuasión nuclear. La segunda, es que los encuestados consideran que aunque Trump ha dañado considerablemente las relaciones transatlánticas, la mayoría mantiene la fe en unos EEUU post-trumpianos. Aunque hay un número no insignificante de encuestados que creen que el daño es estructural y que las relaciones van a seguir empeorando tras la marcha del actual presidente, la mayoría, el 60% en España o en Dinamarca, el 63% en Francia o el 49% en Polonia creen que las relaciones mejorarán cuando se conjugue a Trump en pasado. La cuestión nuclear En todo caso, los europeos se muestran a favor de que Europa deje de depender definitivamente de la garantía nuclear estadounidense, una muestra efectiva de que incluso aunque siguen apostando por un marco OTAN, la mayoría de encuestados prefieren que haya un control europeo de todos los elementos de la disuasión de la Alianza, incluido el corazón de la misma. Solamente en Austria, país comunitario que no pertenece a la OTAN, y en Hungría, se muestran los encuestados en contra del desarrollo de una capacidad nuclear europea. Hace solamente algunos meses Emmanuel Macron, presidente francés, anunció una modificación de la doctrina nuclear gala con la intención de ampliar la cobertura de la disuasión nuclear de Francia, que siempre ha estado estrictamente limitada a su territorio nacional. Polonia es donde un mayor número de encuestados se muestran a favor de una disuasión nuclear europea, pero también donde de manera más destacada sus ciudadanos respaldan el desarrollo de una disuasión nuclear nacional, que no dependa de una estructura supranacional.