An�lisisLos creyentes catalanes est�n cada vez m�s alejados del nacionalismoEl Papa Le�n XIV llegando a la Sagrada Familia de Barcelona, rodeado de banderas independentistasArabaOriol TrillasActualizado Mi�rcoles,

junio

22:56Audio generado con IACuando en el a�o 2003 Rom� Casanova fue designado obispo de Vic y afirm� que "la iglesia catalana no exist�a, sino que se deb�a hablar de la Iglesia en Catalu�a", le organizaron un escrache en las puertas de la catedral durante su ordenaci�n episcopal. Una escena que resulta hoy dif�cilmente imaginable. Todos aquellos airados manifestantes son muy mayores o han fallecido sin apenas relevo generacional. La principal entidad que promovi� el boicot, Esgl�sia Plural, se disolvi� en 2019 por pura falta de efectivos. Uno de sus �ltimos integrantes, Josep Torrens, lo resum�a con crudeza: "Se nos mor�a la gente, otros estaban cansados y al final solo quedamos dos o tres personas".M�s de 20 a�os despu�s, la frase de Casanova ha resistido mejor el paso del tiempo que quienes trataron de combatirla. La gran paradoja del catolicismo nacionalista contempor�neo es evidente: mientras determinados sectores pol�ticos y medi�ticos siguen reivindicando la existencia de una supuesta "Iglesia catalana", la vida real de la Iglesia en Catalu�a se sostiene hoy sobre sectores sociales y culturales cada vez m�s alejados de ese imaginario. Catalu�a, como el conjunto de Europa occidental, presenta elevados niveles de secularizaci�n. Pero la pr�ctica religiosa que a�n subsiste tiene hoy un perfil sociol�gico muy concreto: una feligres�a mayormente castellano hablante, con una estimable proporci�n de la inmigraci�n hispanoamericana.Resulta significativo que las parroquias m�s pujantes de Barcelona se encuentren tanto en la parte alta de la ciudad -m�s conservadora- como en Nou Barris y otras zonas perif�ricas donde se concentra la inmigraci�n. Basta un ejemplo: en la parroquia de la Virgen de la Luz, en el muy humilde y degradado barrio de La Florida en Hospitalet de Llobregat, se confirmaron esta Pascua 76 adolescentes. Una cifra que no alcanzan ni todas las parroquias juntas de m�s de un arciprestazgo barcelon�s. Por contraste, donde la desertizaci�n religiosa resulta m�s visible es en la Catalu�a rural, precisamente aquella que durante a�os abraz� con m�s intensidad al independentismo. En muchos de esos municipios, anta�o profundamente cat�licos, apenas se bautizan ni�os ni se contraen matrimonios por la Iglesia. Existen pueblos en los que hace a�os que no se celebran primeras comuniones. La vieja asociaci�n entre catalanismo e identidad cat�lica hace tiempo que dej� de describir la realidad social catalana.La defunci�n de la mal llamada iglesia catalana se ejemplific� este martes en la Vigilia que presidi� Le�n XIV en el estadio de Montju�c. El lleno del recinto estaba compuesto fundamentalmente por j�venes y familias vinculados a las parroquias m�s conservadoras, adem�s de una nutrida representaci�n de la comunidad hispanoamericana. El ambiente desment�a por s� solo muchos de los relatos construidos durante a�os alrededor de la �Iglesia catalana�. Abundancia de banderas espa�olas, ausencia de esteladas. Cuando desde el escenario se intentaba impulsar el c�ntico "Any Gaud�, el Papa ja est� aqu�", el p�blico coreaba "Esta es la juventud el Papa", el mismo lema escuchado en Madrid. El supuesto hecho diferencial no aparec�a.Algo similar pudo verse tambi�n al d�a siguiente en Montserrat, un espacio frecuentemente utilizado como s�mbolo nacionalista. Las banderas vaticanas superaban ampliamente a las catalanas y las independentistas resultaban pr�cticamente residuales. El reducido grupo de portadores de esteladas que se vio cerca de la Sagrada Familia ni va a misa ni se apunt� a ning�n acto religioso. Son aquellos que abjuraron de la "Iglesia catalana". Sin embargo, mientras esa realidad se hace visible en la sociedad, buena parte del debate pol�tico y medi�tico giraba exclusivamente alrededor de la cuesti�n ling��stica y del uso del catal�n por parte de Le�n XIV. Pol�mica que, al final, qued� en nada, pues el Papa ha empleado un biling�ismo que ya lo quisieran todas aquellas entidades que luchan por la equiparaci�n de castellano y catal�n en la ense�anza.Todo empez� con una informaci�n que comparaba el uso del catal�n en la misa de Benedicto XVI con el previsto en la del Papa actual. La noticia era tramposa, tanto porque en la dedicaci�n de la Sagrada Familia de 2010 hubo una mayor presencia del lat�n como porque el dossier que se envi� estaba solo en castellano y omit�a las partes en catal�n que el Papa luego pronunci�.Uno de los m�s beligerantes fue Puigdemont, siempre atento a cualquier oportunidad de recordar que sigue existiendo, el cual se refiri� al colegio cardenalicio como "escarabajos purpurados". Escarabajos era como se refer�an los milicianos del 36 a los curas que asesinaban.En el fondo, detr�s de toda esta controversia se esconde la inquina del nacionalismo hacia el cardenal Juan Jos� Omella, al cual han acusado, nada menos, de prohibir al Papa que hablase en catal�n. La animadversi�n tiene sus antecedentes en aquel episodio del funeral por los asesinados en el atentado de La Rambla, cuando Puigdemont irrumpi� en la sacrist�a para afear al arzobispo que le hubiese denominado "autoridad auton�mica" en los saludos de la homil�a. Desde entonces, cualquier incidente ling��stico, por menor que sea, ha servido para convertir a Omella en blanco de cr�ticas. Al final, todo ha quedado ridiculizado por la respuesta del pueblo fiel: ni una sola protesta, la campa�a de Puigdemont brillando por su ausencia en la calle, un tremendo �xito de convocatoria y una espl�ndida organizaci�n que debe apuntarse en el haber del cardenal Omella. Ese obispo que ha tenido que soportar las insidias del nacionalismo y el fuego amigo de alg�n obispo catal�n.