El fervor por el papa León XIV se impuso a todo. La intención de los independentistas de que se vieran muchas esteladas en las apariciones del Santo Padre no se produjo en el primer día de la visita. Ni muchas ni pocas. Casi ninguna o ninguna. Ni en el Estadio Olímpico, donde había más de 40.000 personas, ni fuera, donde otros miles de personas seguían la oración desde el exterior. Tampoco en la Plaça de la Catedral, al mediodía, donde más de mil personas le recibieron a las puertas de la Catedral de Barcelona. Como el Papa usó el catalán en los dos eventos públicos, igual que el castellano, tampoco hubo mayor problema. Personalidades del independentismo como Carles Puigdemont o Laura Borràs habían pedido que se llevasen esteladas, una manera de visibilizar al movimiento. Pero los asistentes han estado por las cuestiones espirituales, con testimonios brutales, como el de Desiré una chica cuyo padre había intentado matar a su madre y le costaba perdonarlo. Si había sensibilidad política, esta fue aparcada. El Papa ha usado el catalán. A menudo y de un modo que ha ido mucho más allá de algo sólo testimonial. También es verdad que, ante los independentistas que planteaban instrumentalizar la visita papal, lo cierto es que este discurso no había sido unánime. La campaña denunciando que el catalán iba a ser marginado de la visita papal fue lo que animó la campaña a favor de las banderas separatistas. Otros destacados miembros de Junts, como el presidente del Parlament, Josep Rull, optaron por una aproximación a la figura del Santo Pontífice mucho menos beligerante. Y esta es la línea que al final se ha impuesto, al menos durante el primer día. Tanto en los despachos como en la calle. El presidente catalán, Salvador Illa había advertido de manera pública que no era una buena idea silbar al pontífice y que todo lo que estaba pasando tampoco ayudaba al catalán. En la Catedral de Barcelona, Rull habló de manera breve con Robert Prevost. Le ha agradecido su "sensibilidad" y, muy especialmente, la decisión de visitar el miércoles la cárcel de Brians 1. Le ha explicado que él también estuvo tres años y medio encarcelado -por el referéndum del 1-O-, y que en prisión encontró grandes dosis de "humanidad" y "sufrimiento". Durante todo el día, Carles Puigdemont y el resto de políticos catalanes optaron por abandonar sus posiciones beligerantes. No dijeron nada, pero en la práctica estaban reculando. El planteamiento de fondo es que el Papa es bueno y el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, es malo. Los mensajes del Papa fueron tres: plantear la escucha al otro, la solidaridad y el diálogo en una sociedad cada vez más polarizada. Pero la cuestión de una Cataluña independiente quedó en segundo plano. El lema de la visita a Barcelona era “alzar la mirada”. Amplitud de miras para los retos que vienen. Carisma cegador El carisma del Papa eclipsó a todo el mundo. No sólo a los independentistas. Los profesores habían planteado dos sesiones de huelga para hoy para colapsar Barcelona y acorralar a la Generalitat. Llevan una semana pidiendo la dimisión de la Conselleria de Educació Esther Niubó. La movilización no fue un fracaso, pero no obtuvo ni el eco que esperaban ni le supuso a la administración catalana mayor problema. La huelga de profesores también fue eclipsada por la visita del Santo Padre Nadie les hizo caso. La huelga de maestros fue al minuto 29 del informativo de TV3. El Papa captó toda la atención mediática. Y puestos a colapsar, los educadores tampoco pudieron competir con Rodalies, cuyos trenes quedaron paralizados dos veces por sendos fallos en el centro de control. Agenda para hoy Hoy el Papa León XIV tendrá una agenda más intensa: visitará la cárcel de Can Brians, la visita a Montserrat, auténtica zona cero del independentismo católico; pasará por la parroquia de San Agustín y al final bendecirá la Torre de Jesús de la Sagrada Familia. El fervor por el papa León XIV se impuso a todo. La intención de los independentistas de que se vieran muchas esteladas en las apariciones del Santo Padre no se produjo en el primer día de la visita. Ni muchas ni pocas. Casi ninguna o ninguna. Ni en el Estadio Olímpico, donde había más de 40.000 personas, ni fuera, donde otros miles de personas seguían la oración desde el exterior. Tampoco en la Plaça de la Catedral, al mediodía, donde más de mil personas le recibieron a las puertas de la Catedral de Barcelona. Como el Papa usó el catalán en los dos eventos públicos, igual que el castellano, tampoco hubo mayor problema.
El fervor por el Papa diluye la movilización para dar visibilidad al independentismo
Los partidos y colectivos independentistas como la ANC abogaron por llenar de esteladas los actos del Papa en Cataluña. Pero las banderas independentistas brillaron por su ausencia










