Barcelona recibi� con alegr�a y expectaci�n la llegada del Papa Le�n XIV, su primera toma de contacto en la Catedral y el ba�o de masas posterior en el Estadio Ol�mpico de Montju�c. Entre el p�blico abundaba la gente joven -en el centro de la ciudad hab�a numerosos colegios y parroquias congregadas- y familias con hijos de corta edad.Tampoco hubo ni rastro de pol�mica nacionalista: la inmensa mayor�a de banderas fueron del Vaticano, aunque hubo gente con ense�as de Espa�a (varias con el s�mbolo del Sagrado Coraz�n),senyeres catalanas y banderas de Barcelona. Adem�s, la comunidad latina, muy numerosa en la ciudad, tambi�n se moviliz� y llen� tanto el exterior de la Catedral como la zona de Montju�c con ense�as de Argentina, M�xico, Nicaragua, Colombia o Per�. En cambio, no se vio ninguna estelada, ni en los balcones ni a pie de calle, y apenas apareci� alguna en un Estadio Ol�mpico con 40.000 personas.Los j�venes de la parroqu�a de Santa Mar�a de CastelldefelsGORKA LOINAZ / ARABA PRESSEn la Catedral, uno de los grupos m�s ruidosos era el de unos 20-30 j�venes de la parroquia de Santa Mar�a de Castelldefels, con el padre Juan Antonio Vargas a la cabeza. "El Papa es de Castefa", gritaban a pleno pulm�n antes de la llegada del pont�fice. "Es en se�al de broma, pero es que estamos muy muy ilusionados", confiesan a este peri�dico en la misma plaza. Luego y tras escuchar las palabras del Pont�fice a la salida de la Catedral, que celebraron como si fuese un gol de Espa�a en el Mundial, valoran la visita y remarcan la importancia de la presencia de "j�venes", de "nuevas generaciones" de feligreses. "Es un hito hist�rico" y m�s "tal como est� ahora la sociedad". "Los j�venes demostramos que estamos aqu�", zanjan mientras se fotografiaban con banderas de Espa�a y del Vaticano.Jorge y Valentina, en la CatedralGORKA LOINAZ / ARABA PRESS"Es un momento �nico", gritan Jorge y Valentina, padre e hija residentes en Salou (Tarragona) y de origen nicarag�ense. "Es algo irrepetible y pens� que ten�a que traer a mi hija s� o s�", contaba el progenitor, emocionado y ataviado con una chaqueta blanca y azul de beisbol de Nicaragua, igual que la de Valentina. Jorge estuvo en el segundo viaje de Juan Pablo II en Nicaragua, en 1996, hace justo treinta a�os. Ahora, tres d�cadas despu�s, ha sido testimonio de la parada de Le�n XIV en Barcelona junto a su hija. "Mi sue�o era conocer al Papa desde que ten�a cuatro a�os, y lo he cumplido", a�ade Valentina tras la llegada a la Catedral.De hecho, la comunidad latina se ha movilizado con fuerza ante la llegada del Papa a Barcelona. Juliana y Carla, de Per�, viven en la capital catalana y han acudido a ver a Le�n XIV: "Tanto �l como Francisco han llegado mucho a la gente", asegura la primera. "hace a�os me alej� un poco de la Iglesia cat�lica pero ahora he venido a recordar mis ra�ces, a rendir tributo a mis abuelos que ya no est�n", a�ade Carla.Mireia, vecina del Eixample de Barcelona, con su perraGORKA LOINAZ / ARABA PRESSMireia, por su parte, es una joven barcelonesa, que vive en el Eixample y fue con su perra Mochi a ver al Papa. "No dudaba de la respuesta de la ciudad", destaca despu�s de que el propio pont�fice hiciera un discurso sorpresa en el Palacio Episcopal, frente al que permanecieron medio millar de feligreses rato despu�s del acto en la Catedral, que cont� con 6.000 personas.Ely, nacida en Paraguay, y Conny, en Per�.GORKA LOINAZ / ARABA PRESS"Es muy importante que su mensaje impacte en nuestra sociedad", dice Conny, barcelonesa nacida en Per�, pa�s en el que Robert F. Prevost desarroll� durante varios a�os su labor de misionero. A las puertas del Estadio Ol�mpico de Montju�c y acompa�ada por su amiga Ely, de Paraguay, Conny destaca el mensaje del Papa sobre la inmigraci�n: "Es muy relevante lo que nos ense�a, que todo el mundo debe respetar las reglas, pero no se puede marginar a quien ha llegado de forma irregular por necesidad a un pa�s".Concepci� Prat.GORKA LOINAZ / ARABA PRESS"Este Papa es una persona muy valiente", sostiene Concepci� Prat, del centro Dominiques Barcelona que la congregaci�n de las dominicas tiene en la calle Mallorca, junto a la Sagrada Familia. La bas�lica recibe este mi�rcoles por la tarde la esperada visita del Papa y, para la ocasi�n, este centro de ense�anza �se ha vestido de gala�. Dice estar plenamente identificada con el nuevo pont�fice, que estos d�as "ha tocado todos los temas relevantes".David Bonveh� y su hijaGORKA LOINAZ / ARABA PRESSTres fueron los motivos que llevaron a un viejo conocido de la pol�tica catalana, David Bonveh�, a la vigilia de Montju�c. El ex presidente del PDeCAT, el partido heredero de Converg�ncia ya desaparecido, cree que hab�a que estar all� por "la oportunidad hist�rica que significa para el pa�s una visita apost�lica como la de Le�n XIV". En segundo lugar, el actual director general de Econom�a Social y Solidaria de la Generalitat refiere "la tradici�n cristiana familiar" y entrelazado con ello, otro motivo de peso: "Mi hija quer�a venir y la he acompa�ado".Feligreses de la parroquia de Sant Vicen� de Montalt.Se presentan en un grupo numeroso, parejas con hijos, aunque a�n hay varias personas m�s que deben llegar tras ellos. Decenas de feligreses de las parroquias de Sant Vicen� de Montalt, Caldes d'Estrac y Sant Andreu de Llavaneres han llegado organizados en autob�s y coches particulares para escuchar "el mensaje de paz" de Le�n XIV. Y medio en broma medio en serio, vaticinan que su sucesor ser� el padre Andrew, el joven sacerdote cubano responsable de las dos primeras parroquias de estas poblaciones de la comarca barcelonesa del Maresme.Tras ellos, entran Santiago y Reginald, dos monjes de la comunidad del Cordero afincados a unos pocos kil�metros de Carcassone (Francia). El jueves viajaron hasta Madrid "para seguir con tiempo" el viaje apost�lico del Papa, que culminar�n con el acto en Sagrada Familia. "Solo nos habr� faltado ir a Canarias", comenta sonriendo el primero de ellos.La familia RamsLa familia Rams, originaria de Batea pero residente en Barcelona, fue de las primeras en acercarse a la conocida como "monta�a m�gica" de Barcelona con la expectaci�n de escuchar el mensaje de Le�n XIV. "En este tipo de encuentros tan �nicos y especiales se crea una atm�sfera m�gica, muy especial, se nota la presencia del esp�ritu santo", destacan.