‘Las buenas intenciones’
Con 12 años se sintió escritor y su madre hizo el esfuerzo económico de suscribirse al Círculo de Lectores. Fue seminarista y fue mosso. Se lanzó a la novela con El peso de los muertos (2006), hace veinte años: le entrevisté entonces. Víctor del Árbol es hoy un escritor a tiempo completo. Me desvela que sale con su moleskine y se sienta a escribir en las mesas de los bares y en una jamonería Enrique Tomás, la que tenemos delante de La Vanguardia. No se detiene a corregir hasta tener terminada la novela. Ahora es, además, uno de los miembros del jurado del premio Nadal de novela. Le pido un par de frases de su novela Las buenas intenciones (Destino): “Por qué no te vas a merodear alrededor de otra tristeza, que esta te queda grande” es una, y le sigue “nos habitábamos el uno en el otro”.
Nacido en Torre Baró.
Barracones e injusticias, éramos pobres sin saberlo.
¿Con algún contraste?









