Babelia une a la dramaturga Victoria Szpunberg y los escritores Paulina Flores y Jordi Soler para conversar sobre relatos reales e imaginarios entre su país de origen y de llegada
El mexicano Juan Pablo Villalobos recuerda leer una especie de diario de su compatriota Sergio Pitol que cuenta su primera etapa en Barcelona. A finales de los sesenta, el premio Cervantes vivió unos años en el Barrio Chino, el actual Raval, que fue territorio comanche barcelonés que fue un imán para artistas y escritores. En Diario de Escudillers, Pitol cuenta que no le “halla el modo” a la ciudad, metido en un hotel barato y ruidoso entre prostitutas, hippies que venden hachis y algún asesinato a puñaladas. “En cuanto pudo se mudó a la zona alta de la ciudad. Yo no fuí consciente de la importancia de esa geografía hasta que vine a vivir a la ciudad”, cuenta Villalobos, que lleva viviendo más de 20 años en Barcelona.
La anécdota de Pitol le sirve a su compatriota para explicar el peso de los sesgos de clase ya en aquella época para los escritores latinoamericanos. “Sigue siendo una ciudad muy viva, que atrae a muchos escritores latinoamericanos, pero si continúa el encarecimiento el perfil que llegue será solo de clase media alta”, añade Villalobos. Nacido en Jalisco, como la FIL, ha sido uno de los interlocutores de Anna Guitart, la comisaria del programa de Barcelona, por su condición de tener un pie en cada orilla.






