A sus 86 años, este gran escritor y estupendo conversador sigue escribiendo, y conversando, a velocidad de crucero
Ha ganado prácticamente todos los premios importantes de las letras castellanas. Desde el Herralde de Novela hasta el desaparecido Fastenrath, pasando por el Planeta, el Nadal, o los más institucionales, como son el de la Crítica, el Nacional y, en 2024, el Cervantes. Aun así, Álvaro Pombo (Santander, 86 años) no parece haberse amilanado con el éxito, entre los lectores y la crítica. El ánimo y el buen humor tampoco han desaparecido. Una de las palabras que más dice en la conversación que mantuvimos es “divertido”. Es preciso tener un carácter desenfadado y constante para mantener una carrera literaria que recorre cinco décadas entre novelas, sobre todo, pero también libros de poemas, ensayos y relatos.
De estos últimos, admite que son un género “difícil”, pero la publicación de sus Cuentos autobiográficos. Volumen I (Anagrama), en noviembre de 2025, abrió una nueva veta que explorar en su narrativa. Anuncia que los dos siguientes tomos están en camino. A su ayudante, Mario Crespo, escritor y compañero académico en la RAE, le debemos la inminente aparición de una biografía sobre Pombo y la mediación para esta entrevista en el piso del madrileño barrio de Argüelles, rodeado de libros, flores y fotografías. Un gato naranja, Michi, se tumba en su cama. “Está un poco mayor, pero nos cuidamos el uno al otro”, dice el escritor. La grabadora empieza a correr y el señor Pombo, acomodado en su cheslón, como al inicio de cualquier historia, fuma, y sonríe.






