El escritor mexicano recupera su primer manuscrito y publica ‘El amigo muerto’, una novela de aventuras sobre la amistad con la violencia en el país como telón de fondo
Dice Antonio Ortuño (Zapopan, 50 años) que se recuerda como un joven “enojado todo el tiempo”. Por sus circunstancias particulares, puntualiza, pero también por las políticas. “Parecía que el PRI no se iba a ir nunca y yo odiaba profundamente al PRI”, cuenta ahora, 30 años después, en una cafetería del sur de la capital mexicana. Ese adolescente que acababa de cumplir la mayoría de edad volcó su rabia vital y su incipiente creatividad en un manuscrito que quedó entonces guardado en un cajón. Era la primera novela que terminaba
/elpais.com/mexico/2022-08-27/antonio-ortuno-la-melancolia-es-una-de-las-pocas-heroicidades-posibles-hoy-dia.html" data-link-track-dtm="">el escritor jalisciense, pero pasaron muchos años hasta que decidió desempolvarla, presionado por una hipoteca que “llevaba en el lomo como una losa” y bajo un seudónimo, para evitar que compitiera contra otro de sus libros que se publicaba al tiempo. El amigo muerto (Seix Barral), una novela de aventuras con la violencia en México de fondo, vive ahora su tercer acto, aunque esta es la primera vez que Ortuño se muestra realmente satisfecho con ella. “Me sentía como quien tiene una astilla en la mano. No era un dolor espantoso, pero me molestaba”, compara.






