El autor presenta su nueva novela, ‘El vigía de las esquinas’, una metáfora de la decadencia del mundo a través de una ciudad que se descompone a ritmo de esperpento

“Esta novela no retrata una ciudad real, sino una ciudad fantasma, una metáfora del mundo degradado en el que vivimos”. Luis Mateo Díez (Villablino, León, 83 años), premio Cervantes y narrador de mundos imaginarios, habla despacio, con el tono de quien se sabe habitante de varios tiempos. Recibe en su casa y conversa en un salón en el que se mezclan libros de Roberto Arlt, Buero Vallejo, James Ellroy o Stephen King. Reinante, en medio de la mesa y como no podía ser de otra manera, un enorme ejemplar de El Quijote. También varios ejempla...

res de su última novela, El vigía de las esquinas (Galaxia Gutenberg, 2025), un viaje al corazón de una ciudad deshecha, una parábola sobre el poder y la decadencia y un canto al extraño humor que aún sostiene a los hombres frente al desastre. “Creo que es un libro divertido… y perturbador”, sonríe.

En El vigía de las esquinas, la ciudad (y el mundo) se ha vuelto turbia, casi ilegible. Hay poder, corrupción, y una ciudad fantasmagórica donde los habitantes parecen vivir entre el absurdo y la desolación. Una ciudad esperpéntica, con ecos de Valle Inclán, pero también de Pynchon y hasta Lovecraft en su arquitectura paulatinamente deformada; una ciudad abandonada por sus gobernantes en la que los edificios se van desplomando y el ánimo de la gente pasa de la perplejidad a la conspiración y la violencia. La historia gira en torno a Ciro Caviedo, un periodista “sabandija”, en palabras del autor, lúcido y arruinado, que observa desde las esquinas los despojos del poder y cómo la ciudad entra en decadencia. “Ciro no es corrupto, aunque vive entre la corrupción. Es un periodista que vigila desde las esquinas del desastre, porque sabe que desde ahí se ve todo mejor”.