Mayka NavarroBarcelona 10/06/2026 15:17 Actualizado a 10/06/2026 15:59 La emoción se ha apoderado de la cárcel de Brians 1 durante la visita del papa León XIV. Tal ha sido la proximidad generada entre el Sumo Pontífice que, ante la sorpresa de los presentes, una de las reclusas que ha participado en el acto, al subir al escenario para hablar, se ha acercado al Papa a darle un sentido abrazo.Se trata de Montserrat López, una de las presas, junto a Josefina, del módulo de mujeres de Brians 1 elegidas por el capellán Jesús Bel para dirigirse al Papa. Con este sacerdote, cada sábado, desde el año 1997, celebran la eucaristía. En su discurso resumieron todo lo que tenían que decirle en un folio, mezclando castellano y catalán y reservando un último párrafo para hablar en nombre de la comunidad cristiana en prisión.Montserrat López antes de abrazar al papa León XIV.Alejandro Garcia / EFE“Antes no tenía fe, pero ahora que sí la tengo”, relataba la reclusa a una de las periodistas presentes antes de subir al escenario. “Desde que estoy en prisión he conocido al padre Jesús Roy, que me ha dado mucha fuerza y he conseguido creer”. Su nerviosismo era patente: “Es grandísimo, una posibilidad única. No he podido dormir nada”.Al final, los nervios se apoderaron de la mujer, se saltó un par de párrafos de su propia intervención impresa en una página y terminó con un “gracias” lleno de verdad que acompañó de un abrazo largo y sincero que envolvió durante varios segundos al Papa.Una presa de Brians 1 saludando al papa Lleó XIV Jordi Borràs / ACNLe habían dicho a Montserrat y a Josefina que al Pontífice se le saludaba dando la mano, pero a ella le pareció tan próxima, cercana y familiar aquella figura que le miraba con ternura, que le pudo la espontaneidad y, tras el abrazo, le estampó un par de besos en la mejilla, mientras el Pontífice le entrega un estuche con un rosario bendecido que la mujer se colgó del cuello al instante. Y todo sin saltarse ningún protocolo, ya que no había alguno establecido.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender