Hay que empezar a hablar de una verdad incómoda, y es cómo educamos en la protección y exposición de sus partes íntimas a las niñas y a los niños. Porque mientras las madres y los padres de las primeras nos desplazamos hasta el sitio más escondido y remoto posible cuando la niña tiene ganas de mear, no veo que ocurra siempre lo mismo cuando es el nene el que tiene ganas de hacer pis. Y así, cada dos por tres nos encontramos a niños de una cierta edad (no me refiero a bebés, entiéndase) sacándose el pene en el espacio público para orinar, aunque haya gente delante y aunque esa gente sean sus pares femeninos. Pero claro, ¿cómo no van a sacarse los críos el pene en la calle si hace nada yo misma vi a un individuo adulto, muy normalito él, meando detrás de la marquesina en la que estaba esperaba el autobús? Durante meses pude observar desde mi ventana al mismo señor que venía a pasear cada mañana por mi calle y que, con puntualidad meridiana, se plantaba en medio de un solar en obras y se sacaba el pene para mear contra un contenedor de escombros.Publicidad¿Se imaginan que a una mujer adulta le entren ganas de hacer pis a las 5 de la tarde y se apoya entre dos contenedores para bajarse las bragas en la acera? ¿Se imaginan a una anciana o a una recién parida con incontinencia que paran a mear en medio de un solar en construcción? ¿Se imaginan a una adolescente de 14 años meando en una esquina de las pistas deportivas en las que está entrenando? ¿Por qué entonces hemos normalizado tener a hombres, a ancianos, a adolescentes y a niños haciendo pis en cada esquina mientras educamos a las niñas para ir a un aseo y mear en paz? Y sí, ya sé que en la mayor parte de municipios de este país se ponen multas por orinar en la vía pública, pero se sigue haciendo cada día.Puede parecer esto un tema menor, una cosa inocente, pero no lo es en absoluto. Porque con estos gestos estamos imponiendo un modelo de sexualidad en donde los penes ocupan el espacio público de manera nada metafórica y, en donde las niñas se tienen que acostumbrar a verlos, con todo lo que eso supone. Reflexiono también a raíz del artículo de la compañera Ana Bernal- Triviño en donde se hacía eco de la iniciativa “Derecho al Aseo” y en donde denunciaba el machismo en el diseño de los baños públicos porque, si por encima de que los hombres lo tiene mucho más fácil para encontrar un espacio privado donde orinar, lo hacen a la vista de todos, es por puro mandato de género. Quizá nadie les haya explicado que su pene también es una parte íntima y que, como tal, no se enseña a desconocidos. Y así encontramos a niños de Infantil o de Primaria, jactándose sus huevos, de su polla y de sus pajas en el recreo. E intentando mostrarlos a las compañeras porque alguien les ha enseñado, digo yo, que eso que tienen entre las piernas es motivo de orgullo y exhibición.Si las niñas y las mujeres no enseñamos nuestras partes íntimas no es por moral judeocristiana, sino porque sabemos muy bien el peligro al que nos exponemos. No solo a que nos agredan físicamente, ya que esto puede ocurrir aunque vayamos tapadas hasta las cejas, sino porque conocemos los riesgos morales de exponernos. El riesgo a ser tildadas de guarras y el riesgo a que nuestras imágenes acaben en páginas pornográficas, tal como les ocurrió a más de 80 mujeres en el año 2019 durante la celebración de las fiestas de la Maruxaina en Cervo (Lugo). Caso que en un primer momento se archivó porque el juez consideró que no había delito penal. El magistrado concluyó que las víctimas se habían expuesto voluntariamente por orinar en la calle, aunque fuese imposible hacerlo en un baño, como ocurre en la mayor parte de verbenas y festivales en donde los aseos no alcanzan para las necesidades de las mujeres.El proceso de socialización sexual empieza desde los cero años y no acaba nunca. Educar en el pudor es un elemento protector, pero también es un principio básico de respeto, de civismo y de compañerismo. Buscar un sitio apartado para hacer pis es lo mínimo que podemos hacer por las otras personas. Y, como le decimos siempre a nuestra hija: de casa, salimos meados.