Sorpresa, transgresión y reacción social son tres ingredientes irresistibles para el cerebro infantil. Y la etapa escatológica puede combinar los tres en un puñado de palabras, cuya repetición puede exasperar a los adultos. “Caca”, “pis”, “pedo”, una y otra vez. Aunque es una etapa normal de desarrollo, esa fascinación por todo lo relacionado con los fluidos corporales y las palabras consideradas prohibidas puede resultar muy divertido para los chicos… Pero agotador para los adultos, que pueden incurrir en una batalla diaria para erradicar los términos más polémicos del vocabulario infantil.“Cuando un niño dice una de estas palabras y los adultos se ríen, se escandalizan o reaccionan intensamente, el cerebro libera una pequeña descarga de emoción y recompensa. El niño descubre que tiene el poder de alterar el ambiente. Y eso le resulta divertido”, dice a Clarín la psicóloga Mariana Capurro, autora del libro Permiso para educar y experta en disciplina positiva.Caca y pis: qué es la etapa escatológica infantilEsta fase del desarrollo en la que muchos niños sienten una enorme fascinación por todo lo relacionado con el cuerpo (el pis, la caca, los pedos, los eructos o las palabras consideradas ‘prohibidas’) es llamada “etapa escatológica” y suele aparecer entre los 3 y los 7 años, aunque depende mucho del temperamento del niño y del entorno. “En algunos casos puede empezar antes o reaparecer más adelante, especialmente cuando el humor corporal se convierte en una forma de conectar con otros niños”, explica.“Hay que entender que el cerebro infantil todavía está desarrollando el autocontrol, la inhibición y la comprensión de las normas sociales. Por eso, muchas veces saben que ‘no deberían decirlo’, y justamente eso lo vuelve más tentador”. Y agrega que, “cuanto más prohibido parece algo, más atractivo puede resultar para un cerebro inmaduro. Es un poco como cuando un adulto intenta no pensar en algo y acaba pensando todavía más”.Además, explica, “los niños viven mucho más conectados al cuerpo que los adultos. Lo corporal todavía no está tan separado de lo emocional o social. Por eso este tipo de humor les resulta tan natural. El cerebro infantil aprende muchísimo por repetición y por impacto emocional. Y pocas cosas generan más impacto en una familia que un niño gritando “caca” en medio de una comida”.Además, en esta etapa también aparece con fuerza el humor. Los niños empiezan a disfrutar de lo absurdo, lo inesperado y lo socialmente “incorrecto”. No suele haber mala intención detrás, sino curiosidad, exploración y en ocasiones búsqueda de conexión.“Si el niño descubre que tiene el poder de monopolizar la atención familiar durante veinte minutos diciendo ‘caca’, probablemente quiera repetirlo”Para la directora del Centro Integral de Salud y Educación de Barcelona, es importante no prohibir cada palabra ni convertir el tema en una batalla constante: “La clave está en combinar conexión y límites. Los adultos pueden reírse ocasionalmente si algo realmente les hace gracia. El problema no es la risa; el problema es transformar cada episodio en un espectáculo. Porque si el niño descubre que tiene el poder de monopolizar la atención familiar durante veinte minutos diciendo ‘caca’, probablemente quiera repetirlo”.Entonces, sugiere trabajar para que poco a poco aprendan a comportarse en los diferentes contextos sociales.Eso sí, cuando lo hacen, advierte que no hace falta humillarlos, o decirles frases como “eso es una asquerosidad”, sino que el mensaje debería ser “entiendo que te haga gracia, pero ahora estamos cenando y aquí hablamos de otra manera”.Y alerta: “Los niños aprenden mucho más de la regulación emocional del adulto que del sermón. Cuando el adulto mantiene la calma, transmite seguridad. Cuando pierde completamente el control, la palabra gana todavía más poder”.Herramientas para familias¿Qué herramientas pueden usar las familias cuando el tema se vuelve repetitivo? Para empezar, no alimentar constantemente el comportamiento con reacciones excesivas. “A veces los adultos, sin darse cuenta, convierten estas palabras en protagonistas absolutos de la vida familiar. Y el cerebro infantil interpreta: ‘Esto funciona’”.Por eso, Capurro dice que ayuda “responder con neutralidad y redirigir: explicarles que aunque la palabra les parezca muy divertida, la conversación ha terminado y ya estamos hablando de otra cosa”.También dice que es importante enseñar que existen diferentes contextos. “Igual que no gritamos en una biblioteca, hay lugares y momentos para ciertas bromas”.“Hay otra cuestión que no podemos obviar, y es que, en ocasiones, muchos niños utilizan este humor como una vía rápida para sentir la mirada del adulto sobre ellos. Así que además de trabajar en el momento que se da la situación, tenemos que hacer que se sientan vistos y queridos en otros momentos también, ya que, si el niño siente conexión de forma saludable, suele necesitar menos llamar la atención a través de la provocación, por lo tanto, dejará de utilizar estas palabras como vía para ello”.“Los niños prefieren que los miremos enfadados a que no los miremos”Si bien a veces sentimos que estas palabras funcionan como un desafío o llamado de atención, Mariana advierte que muchas veces son, en realidad, una necesidad de conexión: “Algunos niños descubren que diciendo determinadas palabras consiguen algo muy poderoso: mirada, reacción, presencia emocional: conexión. Los niños prefieren que los miremos enfadados a que no los miremos, así que incluso un enfado intenso puede sentirse mejor que pasar desapercibido”.En estos casos, Capurro dice que una buena estrategia es hacernos algunas preguntas como: ¿Lo hace más cuando hay visitas? ¿Cuando los adultos están ocupados? ¿Cuando hay tensión en casa? ¿Cuando necesita sentirse visto? Lo principal no es ignorar al niño emocionalmente, sino no reforzar la conducta concreta. Es decir, menos intensidad frente a la palabra y más conexión fuera de ese momento.“Los adultos tenemos que entender que detrás de muchas conductas infantiles no hay manipulación, sino búsqueda de vínculo, y muchas veces estas llamadas ‘malas palabras’ son la única herramienta que les ha funcionado para sentir nuestra mirada sobre ellos”.