Por tantas cosas buenasEscribir en estos tiempos significa tener quilombos con gente que niega la realidad y se enfrenta a quien se empe�a en describirla.Genesis P-Orridge (dcha.) y Lady Jaye.S�NARActualizado Lunes,
junio
00:42Hay un punto de arrogancia en esa man�a de ir por la vida pisando charcos. Entrevist� a C. Tangana y me dijo algo que me reson� cerca: "Me resulta f�cil tocarle los cojones a la gente con la que me relaciono". Fue mucho antes de que el madrile�o se construyese el personaje, esa figura marquetiniana que siempre me recuerda al eslogan creado para Erich von Stroheim -mayordomo en 'El crep�sculo de los dioses' (1950) y director de la trascendental 'Avaricia' (1924)- en la �poca en que se convirti� en la estrella m�s rutilante de Hollywood gracias a sus interpretaciones de malvados militares rusos y austroh�ngaros: "El hombre al que le encantar� odiar".Hay algo ciertamente irresistible en convertirse en un provocador, un polemista, un 'contrarian' o, como lo expon�a Pucho, un tocacojones. Sin embargo, me parece m�s interesante otra actitud: la de Genesis P-Orridge. Tras unos comienzos en la 'performance' extrema, el artista de Manchester dio el salto a la m�sica con los industriales Throbbing Gristle, primero, y los psicoelectr�nicos Psychic TV, despu�s. Con estos �ltimos protagoniz� una controvertid�sima actuaci�n en 'La edad de oro' que forz� la retirada del programa de la parrilla de TVE. Tambi�n con esta formaci�n inici� un proyecto junto a su mujer, Lady Jaye, el Pandr�gino, consistente en operaciones de cirug�a est�tica y modificaciones corporales extremas para parecerse f�sicamente entre s�. As�, P-Orridge se puso pechos de silicona y labios recauchutados. La prematura muerte de Lady Jaye dej� inconcluso aquel proyecto de unificaci�n. Hay un documental precioso que lo cuenta: 'The Ballad of Genesis and Lady Jaye' (2011).Antes de que enviudase, entrevist� a Genesis en un hotel de Madrid con motivo de su actuaci�n en La Casa Encendida. La conversaci�n llev� indefectiblemente a sus tetas operadas. Entonces me cont� que su madre, una se�ora inglesa bastante mayor, le preguntaba cada vez que lo ve�a por qu� se hab�a puesto implantes mamarios. �Porque alguien tiene que hacerlo, mam�, le respond�a �l -'elle', ahora que lo pienso; pionero de la movida mucho antes de que se pusiese de moda- y segu�an hablando de muertes de t�as segundas y consuegros.Hoy en d�a escribir seg�n qu� cosas suele ser una fuente de problemas. En demasiadas ocasiones hay que recurrir al mal gusto para hablar de lo que nadie quiere hablar. Meterse en campos de minas para afirmar lo evidente, en vez de dejarse seducir por los verdes pastos de lo formulario, lo que no molesta ni ofende a nadie. Tener quilombos con gente que niega la realidad y se enfrenta a quien se empe�a en describirla. Alguien tiene que hacerlo, pero tampoco vamos a venderlo como una heroicidad: todos hemos salido perdidos de barro por pisar alg�n charco alguna vez en la vida.












