La cantante lleva sudadera VAQUERA y sujetador BONET.Pablo ZamoraFue en Castellón que descubrí que es de Castellón: en una firma de libros, unas chicas de apenas veinte años me hablaron de Metrika, todavía con resaca de un concierto de la rapera nacida en 2003. La describían no como un referente, sino como una inspiración. A Metrika le hubiera gustado escucharlas: ella no quiere representar a nadie, solo hacer lo que le nace. Soltar. Sentirse mejor. Y si abre hueco, si así ayuda a “las niñas”, como les dice a sus fans, es solo una consecuencia. Empezamos con la videollamada y me dice “rey”. Se enciende un piti antes de hablar. Pausada, tranquila: mañana vuela a Punta Cana, antes de publicar el próximo 5 de junio Las Muñecas, el primer adelanto de su nuevo disco La Orden. Pregunta. ¿Te llamo Metrika o Thais? Respuesta. Thais. Como quieras. P. ¿Qué es lo que te convierte en Metrika, pues? ¿Es ese maquillaje de Monster High que envidiaría cualquier drag queen? R. Ufff. No sé dónde acaba y dónde empieza. Creo que Metrika es más desde el ego, ¿sabes? Un espacio donde puedo ser gilipollas y ser todo lo que odio y me gusta a la vez. Y, luego, Thais soy yo: una persona muy sencilla. Con mis cosas, claro, porque si no no sería artista, pero mucho más tranquila, más dulce y menos altiva de lo que parece. P. Habrá gente que no te conoce que al leer esta pieza, al ver estas fotos, dirá: es como una Bad Gyal de veinte años tirando a satánica. R. No me gusta que me comparen. Con nadie. Bueno, solo con Michael Jackson [ríe]. No, es broma. Pero no me gusta que comparen: por respeto hacia ellas y por respeto hacia mí. Siento que eso es una cosa que estamos sufriendo mucho la generación de artistas urbanas de ahora: “¡Ah, tú eres no sé qué, pero chica!”, “Tú eres la no sé qué pero tal”, “Tú eres la mini tal”. P. Es importante ahondar en lo que hacéis distinto. Como, por ejemplo, la forma en la que representas en tus canciones lo enfermo, lo raro, todo lo que podría dar asco. Llevas al límite la representación de lo que es normal. Cuando te veo, pienso en Orlan, que en los años 70 y 80 intervino su cuerpo para negar cualquier fijación de belleza. Haces algo similar. R. Es cierto que mezclo lo incómodo y lo extraño con lo canónico. Y eso me gusta. Marilyn Manson me inspira mucho: me gusta el arte que incomoda. P. ¿Lo haces para ensanchar el canon? R. Para hacer hueco a las niñas que son como yo. ¿Por qué no puedo ser canon yo con una cara blanca, si lo fue Alaska? P. Invocas la enfermedad en tus canciones: gonorrea, VIH, papiloma. También locura, brotes, TDAH. ¿Por qué te obsesiona tanto? R. Creo que precisamente es por eso, porque me gusta mucho incomodar con el arte, me gusta provocar cosas. El asco, el rechazo, la atracción cuando se junta lo extraño y lo bajuno con lo canónico. Me encanta mezclarlo, que me produzca sensaciones raras: mirar algo que no me llega a gustar, pero que a la vez no puedo dejar de mirar. Es una forma de impactar a la gente y de que la gente se quede conmigo. A mí me puedes odiar o me puedes amar, pero nunca te voy a dar igual. P. Hay algo hipnótico: la atracción de lo que no queremos ver. R. Es lo morboso. Algo que todos tenemos dentro. A la gente le atrae mucho lo que no le gusta, habla mucho más de lo que no le gusta que de lo que le gusta, porque uno se define a partir de lo que no quiere ser. P. Y lo haces articulando un relato de tu propio cuerpo como una herramienta de chantaje, una herramienta de humillación para conjurar el mal al enemigo. Cantas: “Me los follo y les robo el alma”. R. Tengo muchos sentimientos encontrados con lo físico, ¿sabes? Es algo importante y a la vez no. Mi cuerpo es un templo pero a la vez no es lo más importante. Intento transcenderlo. Me gusta performar la superficialidad en un mundo supersuperficial. Pero, aunque las cosas que digo parezcan superficiales, van mucho más allá. Tienes dos opciones: puedes entender mis letras o quedarte en su superficialidad. P. De hecho, me preguntaba cómo te relacionas con los discursos que intentan analizar tus letras. ¿Te incomoda que los demás teoricen sobre lo que haces, eres y representas? R. Hay temas míos que son más disfrutones y divertidos: no todo debe tener una profundidad de la hostia ni tener un sentido. Esas cosas también me gustan. Pero mi proyecto y mi universo creativo tienen una gran profundidad: hay que entenderlos. P. Como la cantidad de cuerpos que invocas en tus canciones. La música te sirve para convocar alteridades. “Soy el diablo. Voy con las zorras, las putas y las travestis”. R. 100%. ¡Es que yo estoy tanto en ese mundo! El mundo de la gente que socialmente no es aceptada, el de la gente que no tiene cuerpos ni caras canónicos, el de las tías con polla. Estoy tan dentro que no me doy cuenta de lo poco que se acepta a esa gente en la sociedad y de lo extraño que se ve. Para mí es normal: voy con las zorras, las putas y las travestis. Son mis amigas. Y no lo digo con la intención de: “mira qué raras somos”. Es que son mis amigas. P. Y la sexualidad aparece desbordada, ultra presente. En tu música, los cuerpos están todo el rato sexualizados. R. En los ambientes y la gente con la que me muevo nos cuesta mucho menos hablar de sexo que hablar de amor. El amor es tabú. Nos cuesta articular las cosas más profundas y humanas. No es que el sexo no sea humano, pero no es como el amor, que es algo más de dentro: una intimidad verdaderamente importante. P. ¿Todavía tiene que escribir sus grandes hits de amor? R. Me da miedo abrirme y siento que en mi generación pasa mucho. Nos da miedo abrirnos, perder el control, dejarnos llevar en términos sentimentales. En cambio, con el sexo es más fácil. P. Te escuché decir que no eres feminista porque el feminismo busca la igualdad y tú odias a los hombres. En tus canciones, sin embargo, aparece mucho deseo hacia lo masculino. ¿Cómo conjugas esa contradicción? R. Me encantan las cosas contradictorias. Es lo que te decía antes: me incomoda pero no puedo dejar de mirarlo. Odio la masculinidad, pero no puedo evitar sentirme atraída por ella. Quizás lo que odio de los demás es lo que odio de mí misma. P. No escondes la contradicción... R. No hay nada más humano. En ese sentido, Rosalía ha abierto un camino grandísimo. Hay muchos aspectos en mi vida en los que soy sumamente contradictoria. ¿Qué hay más humano que eso? P. Puede que eso te haga invencible. Cantas que “nadie puede conmigo por lo loca que estoy”, como si la locura te hubiera ofrecido una mirada que la cordura no puede dar. R. Para ser artista y crear tienes que tener alguna tarita mental. Yo no conozco ni una sola persona que sea artista que esté bien de la cabeza al 100%. Nadie ha podido conmigo por lo loca que estoy: ningún hombre jamás me ha visto venir. Soy impredecible. Y la locura ha significado protección: ver más opciones. Miradas que una persona en sus cabales no vería. Una coraza. P. Tengo la sensación que hay carreras musicales meteóricas, que arrancan tan rápido, que pueden poner en riesgo cierta estabilidad. Esa locura no tiene nada de bueno. R. Mira, mañana me voy a Punta Cana a descansar. Quizás en un futuro ese ritmo no será sostenible, pero ahora me gusta esta vida. Un montón de estímulos y dopamina: lo necesito. Ahora no podría tener un trabajo ni una vida convencionales. P. Y en este no parar, ¿te da apuro ser copiada? Cantas que “le debéis culto a la madre Fundadora”. R. Me encantaría crear una escuela y que la siguiente generación de chavalas tomara mi legado. El mío y el que se inspira en Lorena, en Cristina... Me parece muy bonito. Yo me he inspirado en La Zowi, Bad Gyal, Rosalía. También en hombres, pero entre mujeres se siente más íntimo. Me siento muy halagada. P. ¿Y tú proceso creativo? R. Super caótico. No tengo un orden. Cuando me viene me viene, y en ese aspecto es una putada. No siempre estoy inspirada, y tampoco sé qué es lo que tengo que hacer para inspirarme. Necesito entrar en un estado muy... muy de Metrika, necesito sentirme ella. Suele ser por la noche y necesito un entorno con mucho caos. Sobre todo necesito que mi habitación esté hecha una mierda. Te lo juro, cuando mi habitación está desordenada es cuando más me inspiro. Necesito un entorno muy trash. Entrar en mi cuarto y que haya un plato de lentejas de hace dos días, toda la ropa por el suelo. Como para sentirme muy libre, muy poco atada. P. Escuchándote tengo la sensación que tienes alma de profesora, muy pedagógica y clara. R. Mis amigas me dicen que tengo un montón de inteligencia emocional. Yo creo que es por todo el tiempo que he estado yendo a psicólogos. P. Quería preguntarte por la cuestión de la responsabilidad a la hora de crear. Tus canciones se bailan y disfrutan, pero tú te has tenido que abrir camino en un mundo de hombres. ¿Sientes responsabilidad con lo que haces? R. No. Pienso que el arte es todo lo contrario. Pienso que el arte es expresión y va mucho más allá de lo social. Se puede hacer un arte social, pero no es mi caso. Mi forma de crear es una cosa muy personal y muy sentida. Darle un significado social y educar no es mi rollo. Me limitaría mucho. No hubiera hecho nada de lo que he hecho si quisiera educar. En ese sentido mi arte es muy puro. Busco soltar, sentirme yo mejor. Es un arte egoísta. P. Sin embargo abres imaginarios, generas reconocimiento, sirves de referente, rompes cánones. Estás creando un espacio político donde mucha gente se siente bien. R. Pienso que eso es la consecuencia. Hago hueco, sí, eso es algo inevitable. Habrá gente que se sentirá representada y que va a querer ser como yo, pero lo que hago no tiene esa finalidad. Me gusta mucho empoderar a niñas y todo el rollo, me gusta que las niñas me escuchen y digan “joder, me siento bien, me siento más fuerte”, pero no creo por esto. No canto para hacer un mundo mejor. No canto para acabar con el machismo ni la homofobia. No siento que esté en este mundo para eso. P. Penúltima pregunta. ¿Qué tienen en común Carmen Lomana y La Marrash que te gustan tanto? R. Ambas hacen lo que les da la gana. Dicen lo que les da la gana. Eso es algo que a las mujeres nos ha costado tanto conseguir. Aunque a veces digan barbaridades, aunque mucha gente no las soporte, a ellas les da igual. Ellas son ellas. Y punto. Es algo positivo para las mujeres que haya mujeres públicas que no hacen activismo y que, simplemente, son. Somos personas. Somos imperfectas. Somos nosotras mismas. Sin tener que dar la chapa todo el día. P. “No estoy sola, tengo odio”, cantas. ¿De verdad es eso lo que te ha salvado de la soledad? R. No hay mayor motivación que odiar. Es un impulso tan grande como el amor. Es muy motivador sentir rechazo. Pero lo que me salva de la vida es el amor de una amiga, la música, bailar en la calle, tomar el sol, fumarme un cigarro, tomarme una cervecita en una terraza, irme de compras. Hay que hacer cosas en la vida. Hay que disfrutar un poco y ser feliz, cariñito mío. CRÉDITOFotografía Pablo ZamoraEstilismo Paty AbrahamssonDiseño de set Irene LunaMaquillaje y peluquería Juan NúñezProducción Cristina SerranoAsistente de fotografía Maite HuidobroAsistente de estilismo Paty AbrahamssonAsistente de producción Marina Marco Agradecimientos a Atrezzo Mateos